MIENTRAS ASISTIMOS DIARIAMENTE a un enorme cambio climático, nadie parece quejarse de forma correcta, ni conectar con las causas que hacen que este increíble cambio se esté produciendo a nivel mundial. Recientemente hemos observado, por fotografías de satélite, cómo dos grandes zonas de hielos perpetuos, del Polo Sur en la Antártida, se derriten y se desgajan, yendo a la deriva en el sur del Océano Atlántico, debido al sobrecalentamiento atmosférico. Hace tres meses hemos asistido también, sin inmutarnos, a las noticias de un gran terremoto en el norte de Afganistán, aniquilando, con sus fuertes sacudidas, a cientos de personas. Lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta las grandes cantidades de bombas lanzadas sobre este territorio durante los meses anteriores, martilleando la corteza terrestre, noche y día, con cientos de toneladas de material bélico pesado. Este planeta que, hoy por hoy, es el único que tenemos. Es un ser vivo de grandes dimensiones, ¡un ser vivo gigante!; un ser vivo, que al fin y al cabo, siente y padece. Que en este momento parece encontrarse en un período de queja permanente, porque unos seres humanos sin conciencia se dedican a tirar bombas contra otros seres humanos, con el fin de matarse unos a otros, y de paso matar y contaminar la atmósfera con sus gases tóxicos. En Santa Cruz de Tenerife hemos pasado una tormenta de agua increíble, y totalmente inesperada. Donde hemos visto los efectos de este cambio brusco de "sobrecalentamiento atmosférico", al evaporarse grandes cantidades de agua del mar en muy pocas horas, para convertirse más tarde en lluvia torrencial. No cabe la menor duda que todos estos cambios están produciendo enfermedades, matanzas, inundaciones y pérdidas de vidas. Y además nos hipnotizan de tal forma, que nos impiden reaccionar rápidamente y llamar a las cosas por su nombre. Así que: ¡aguante usted por el lomo! Es como si fuera mejor que nos mataran previamente a todos antes que parar las emanaciones de monóxido de carbono, lanzadas diariamente a la atmósfera por las mentes inconscientes, que les importa un bledo si matan o dejan de matar a los demás con sus extralimitaciones. Lo increíble de todo esto es que todavía uno tenga que escuchar que una nación como los Estados Unidos de Norteamérica (al no querer incluir a Méjico y a Canadá), no sólo se permita el lujo de desarrollar una industria armamentística de las más contaminantes y activas del mundo, sino que se manifieste contraria al cumplimiento y firma del Protocolo de Kyoto (Japón), aplazando tal decisión durante diez años más. Tirando por la borda todos los intentos mundiales de control de esa "basura contaminante", que son las emanaciones de gases tóxicos enviados a la atmósfera. Esa decisión norteamericana supone una gran contradicción, y una falta de respeto con el resto del planeta. Parece que la hipocresía humana llega ya a tales extremos, que nos hace ser "ciegos de nosotros mismos". Permitiendo incluso que ciertas mentes egoístas destruyan la atmósfera y el aire que necesitamos cada día para respirar.