A mediados del siglo XIX había tres modelos de establecimientos alojativos en la Capital, según explica Alejandro Cioranescu en su "Historia de Santa Cruz": El español, con un coste de 4 pesetas, el inglés, 12,5 pesetas, y el francés, cuyo precio ascendía a 5 pesetas y que constituía el más antiguo de todos. En cualquier cosa, cuenta el historiador, se aconsejaba a todo el mundo la práctica del regateo. Por estos precios se servían dos comidas diarias, a las 10 y 18 horas.
El Hotel Inglés se inauguró en 1841 en la calle de los Balcones, que se trasladó posteriormente al número 11 de la calle San Francisco. Unos cuarenta años más tarde fue ensanchado y completado por su nuevo propietario, un portugués llamado Camacho, casado con una irlandesa. La instalación tenía un piso segundo que daba a las calles del Sí y de San José y contaba con un jardín.
En 1903 disponía de luz y timbre eléctrico en todas las habitaciones y su capacidad ascendía a 56 plazas.
En las cercanías de éste, el Hotel de la Marina fue abierto en junio de 1862. Se consideraba el mejor y más asequible de la Ciudad. Con 30 habitaciones, disponía de cuartos de baño, salón con vista sobre el muelle y la campiña del Norte, cuadra y cochera.
Este establecimiento pasó a llamarse Internacional y más tarde se trasladó a la plaza de la Constitución, en los bajos del Casino, en 1889.
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