Gastronomía
EL NIDO DEL BRASERO CARPANTÍN

Carpaccio de langosta y rodaballo con risotto


7/jun/02 0:35 AM
Edición impresa

HOY ESTAMOS extasiados y después de liberar unas horas nuestras glándulas organolépticas (en cristiano, lavados los dientes) y reflexionado sobre las mil y una historias con que nos atormentan algunos comensales, más preocupados de la decoración del dúplex de su amiga que de los platos que iban engullendo sin preocuparse de la cara de tristeza de su acompañante.

Como no nos preocupaba la diferencia entre un color de pared y sus alrededores, nos fajamos en los platos que iban despertando nuestra ilusión y nos hacían llevadera la tarde.

Comenzamos con un carpaccio de langosta espectacular; como saben, láminas muy delgadas de langosta cruda, maceradas ligeramente con limón y aceite, con una textura asombrosamente fresca y plena a sabor de mar.

Por ponerle un pero, nos hubiera gustado disponer de un poco más de aceite de oliva extra virgen para elevar la untuosidad y contrastar aromas, pero ya es como pedirle a Pier que juegue como Kluivert.

Seguidamente, hizo entrada un rodaballo con arroz cremoso (risotto) y almejas en salsa verde. Impresionante.

El rodaballo desespinado, pero previamente asado con su piel y espina para que no se secara. El arroz cremoso, simple pero gustoso, reducido con caldo de pescado. Las almejas frescas se despegaban de la concha con facilidad sin estar recocidas, y la salda verde rodeaba el plato perfectamente engordada con aceite de oliva crudo.

Pedimos la presencia del cocinero, al que le mostramos nuestra gratitud eterna por semejante cariño en la elaboración del plato. Las lágrimas de algunos comensales estuvieron a punto de brotar.

EL NIDO DEL BRASERO CARPANTÍN