Tenerife

El ITER pierde gas

En los últimos 18 meses, el Instituto Tecnológico de Energías Renovables ha sufrido un importante recorte del personal investigador, sembrando nuevas dudas sobre su capacidad para sacar proyectos adelante.

PEDRO ALEMANY, S/C de Tenerife
8/jun/02 12:03 PM
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El Instituto Tecnológico de Energías Renovables (ITER) de Tenerife, que presume en su página "web" oficial de contar con un equipo multidisciplinar de cincuenta personas dedicadas a la realización de proyectos y trabajos de investigación, no sólo no ha incorporado nuevo personal a su plantilla durante los últimos dos años - pese a las numerosas bajas habidas - sino que ha visto reducido su personal investigador a una quincena de personas.

Así al menos lo ha podido recabar esta semana EL DÍA de algunos ex trabajadores que dicen sentirse "decepcionados" de su paso por un Instituto que, en su opinión, disfruta de una imagen externa que en nada se parece a la realidad que se vive puertas adentro.

Entre las razones de su marcha citan las bajas remuneraciones, que animan tanto al personal en plantilla como a los becarios a incorporarse lo antes posible al sector privado, pero también la escasa voluntad del Cabildo de Tenerife - principal accionista del Instituto - por aumentar el número y la calidad de los proyectos de investigación y, por lo tanto, también del personal dedicado a los mismos.

El ITER comienza a perder gas. Proyectos como el de las viviendas biocliomáticas, tantas veces exaltados, permanecen hoy cubiertos de polvo en algún cajón a juzgar por el retraso que acumulan. Su plantilla y buena fama entre la ciudadanía tinerfeña no se renuevan al ritmo que la energía eólica allí producida.

En los últimos 18 meses, ha visto marchar a 12 de sus investigadores en plantilla, sin que ninguno de los 40 becarios que han pasado por las instalaciones del Polígono de Granadilla en ese período haya ocupado una de las vacantes.

En cambio, la versión del gerente del Instituto, Manuel Cendagorta, es bien diferente. Aunque reconoce el parón habido en las incorporaciones, niega que las bajas de los últimos 18 meses hayan sido más de tres - los sindicalistas que abandonaron el ITER después de un conflicto laboral en 2001 - , ni que ello haya afectado más de lo asumible al desarrollo de los programas de investigación en marcha. De ahí que considere la situación actual como transitoria y fruto de unas condiciones laborales diferentes al resto.