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CARTAS AL DIRECTOR


9/jun/02 21:00
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In memóriam Mª Isabel

Él la tomó de las manos y le dijo:

- Maribel, ¿quieres compartir mi alegría junto al Padre y a mis hermanos?

Ella, al ver el rostro del Señor, el cual había esperado tanto tiempo poder mirar, contestó:

- Sí, mi Señor.

Y ambos, cogidos de las manos, subieron al cielo para compartir la dicha de la paz. Iban rodeados de todo el Coro Celestial, pues para Jesús era una digna hija de su Iglesia.

En ese instante, sintió que era el momento de velar por los que había dejado atrás: su esposo, sus hijos, sus hermanos, todos a quienes amó mientras estuvo en la Tierra y a quienes repartió su fe. Una fe de amor a Dios, de amor a la unión que 26 años antes había sido bendecida con el lazo del matrimonio.

Pero antes de partir, mientras estaba entre nosotros, nos daba alientos para encontrar esa fe, esa paz que sabía que existía, que anhelaba con gran fuerza dentro de su corazón, a pesar de que veía y sentía cómo la vida terrenal se le iba. Pero, a pesar de ello, tuvo fuerzas para decirles a todos, y especialmente a sus hijos: "Cuando me vaya, porque el Señor me llamará, no dejen solo a vuestro padre, vivan vuestra vida e intenten estar unidos en el amor de Cristo, ya que Él me premiará con su luz, si ustedes reciben mi apoyo y recuerdan siempre sus enseñanzas. No dejen que las dudas influyan en ustedes de forma que no puedan confiar en vuestro padre, y si a pesar de todo, siguen con pesares, acudan a Nuestro Señor, pues yo estaré a su lado y pediré por todos ustedes. También pueden acudir al camino, ya que todos somos hijos de Dios y ellos sirven a los fines que el Señor tiene destinados para la humanidad. Busquen en ellos el amor terrenal, la paz interior, el amor del Padre, que con su gran sabiduría premiará a quien le tiene presente en su corazón. Y no olviden nunca que cuando estén en algún apuro, deben recordar las palabras que Jesús nos enseñó y que ahora quisiera orar: Padre Nuestro, que estás en los cielos. Santificado sea Tu Nombre. Venga a nosotros tu reino y hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden, y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal. Amén".

Y con estas palabras daba aliento a sus hijos y a quienes la rodeaban para que nunca fallara en su corazón la fe, fe de esperanza en la dicha de encontrar la paz interior, fe en asegurar que Él está con nosotros, fe en saber que en los malos momentos que nos da la vida, siempre tenemos a Nuestro Señor para pedirle que nos saque de ellos, y fe para saber que lo hará.

Maribel, mi querida hermana, subió a los cielos el día 12 de mayo de 2002, santo día en que celebrábamos el mayor acontecimiento de la fe del hombre, la Ascensión al cielo, en cuerpo y alma, de nuestro Salvador Jesucristo, demostrando al mundo que la Resurrección en el Señor existe.L

Edmundo S.

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