LA APUESTA DEL ESTADO con la Ley de Partidos Políticos es muy fuerte, tanto como la mayoría arrasadora con que se aprobó el proyecto en el Congreso de los Diputados, donde votó a favor más del 95 por ciento de la representación nacional. La ilegalización de Batasuna por esta vía y no por la penal es la mejor iniciativa de las posibles para neutralizar políticamente a los amigos de los asesinos, ya que la Ley penal no es el instrumento idóneo, si se quiere mantener el imperio de la ley y la seguridad jurídica. Además, la mejor pista de que la reforma de la Ley de Partidos ha dado en la diana está en las reacciones que ha suscitado: la de Batasuna y los nacionalistas vascos no violentos ha sido inequívocamente hostil, mientras que la de los partidos democráticos es la reflejada en la votación del Congreso.Pasiones
Esto, entre otras muchas razones, explica que la pastoral conjunta de los obispos vascos cayese como una bomba en los medios políticos no nacionalistas. Y las reacciones suscitadas por ese texto, enteramente inversas a las producidas por la Ley de Partidos, también son sumamente elocuentes: el portavoz de Batasuna proclamó que "la Iglesia se ha retratado", los nacionalistas han elogiado a los prelados firmantes, y el clero de las diócesis vascas y la de Navarra ha puesto de manifiesto su división profunda respecto no ya de la pastoral en sí, sino sobre todo del concepto básico de la organización de la convivencia y de la consecución de la paz en aquella tierra. No cabe duda de que ha habido excesos en las críticas a los obispos vascos, y a veces mentiras puras y duras acerca de la condena del terrorismo que se hace en la postoral, sobre todo en algunos medios de comunicación y por parte de determinados columnistas. También ha habido elogios muy interesados, que han ocultado los aspectos menos defendibles del texto de la discordia. Este es también otro signo visible de las pasiones que desata no sólo la pastoral, sino sobre todo la cuestión de fondo, que no es otra que el nacionalismo soberanista impuesto, bien por el terror, bien por la presión sostenida desde el poder autonómico, hasta hacer del País Vasco un lugar cada vez más irrespirable para los que disientan del proyecto.
Católicos En estas condiciones, muy poco tiene de extraño que el conjunto del episcopado español haya acogido de manera desigual, por decirlo suavemente, la nota del Comité Ejecutivo de la Permanente de la Conferencia. El diario "ABC", de Madrid, contaba ayer algunas interioridades del debate en que se gestó dicha nota, que se refiere sobre todo a las reacciones políticas y mediáticas a la pastoral, y de ésta sólo destaca la condena que hace del terrorismo: mientras unos prelados se muestran conformes con la nota, a otros les parece que sólo contribuirá a aumentar la sensación de decepción en los medios políticos democráticos y, sobre todo, entre amplias capas de la sociedad católica, que también está dividida. Porque hay que resaltar que, paralelamente a las tensiones registradas entre los políticos y los medios de comunicación, en el pueblo cristiano la pastoral ha sido también fuente de discrepancias profundas, y no sólo por razones de convicciones políticas nacionalistas o no nacionalistas, sino sobre todo, esta vez, por razones directamente morales: algunas afirmaciones centrales de la pastoral (la que muestra reticencias a la Ley de Partidos por las "consecuencias sombrías" que puede acarrear, y la que pide que se eviten estas consecuencias "sean cuales fueren las relaciones existentes entre Batasuna y ETA") han producido escándalo entre los que las han entendido como una petición de impunidad hacia los amigos de los asesinos, no vayan a enfurecerse los asesinos mismos si la ley les toca un pelo: evidentemente, si lo que quisieron decir los obispos vascos fue esto, el escándalo parece muy justificado, porque sería la expresión de una cobardía moral estremecedora, con la agravante de presentarse encubierta bajo la capa de protección de las víctimas. Lo malo es que, si no se entienden esas afirmaciones de este modo, no se ve cómo podrían entenderse.
La huelga Faltan ya poco más de diez días para la huelga general convocada para el día 20 por UGT y Comisiones Obreras, y secundada ya abiertamente por el PSOE. Sin embargo, este partido, según cuenta el diario "El Mundo", ha dado instrucciones a sus cargos públicos de trabajar ese día. De confirmarse esta información, estaríamos ante otra maniobra de funambulismo de nuestros socialistas, que quieren estar al mismo tiempo al plato y a las tajadas, o repicando y en la procesión, como suele decirse. Al presidente Aznar parece que lo han atacado en dos puntos especialmente sensibles: el de la lucha contra el terrorismo y el de la política "social", y eso podría explicar que, a pesar del notable autocontrol del personaje, sea perceptible un considerable grado de tensión (quizás sería demasiado decir "crispación") en sus palabras y sus actitudes; porque se da la circunstancia, además, que los ataques le han llegado de donde menos se esperaba: de un sector de la Iglesia en lo primero, y de los sindicatos en lo segundo. Ahora, a estas alturas, ya es imposible tanto que el Gobierno retire su proyecto como que los sindicatos desconvoquen la huelga. La cuestión, por tanto, está centrada en cómo haya de ser su desarrollo. Y, naturalmente, han saltado ya las primeras chispas con el establecimiento de los servicios mínimos.
Esta cuestión ha vuelto a poner de manifiesto las dificultades de adaptar a la huelga general, esencialmente política por ir contra el Gobierno, una legislación pensada para las huelgas laborales. El Gobierno no tiene más remedio que ser juez y parte. El problema no ha hecho sino empezar, y traerá cola, porque el centro neurálgico de esos servicios mínimos está en los transportes, como siempre ocurre: si los huelguistas paralizan los transportes, los que quieran ir a trabajar se verán imposibilitados de hacerlo, y los huelguistas los contarán fraudulentamente entre sus entusiastas seguidores. El clima se caldea por horas, y llegará el momento en que muchos se conformarán con que no corra la sangre. ramon.pi
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