Santa Cruz de Tenerife
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DOMINIQUE PERRAULT

La playa... o el sueño del ocio


9/jun/02 24:42
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NATURALEZA/ARTIFICIO

Acto primero:

Una playa de arena negra. Convirtámosla en una playa de arena blanca. Vayamos al desierto del Sáhara, carguemos la arena en camiones, vayamos al puerto, carguémosla en un barco, partamos rumbo a una isla, vertamos la arena sobre la playa negra y,... ¡voilà!

Acto segundo:

Una playa de arena blanca. Convirtámosla en la playa más hermosa. Plantemos palmeras, bouganvillas fucsia y púrpura, creemos un vergel, pongamos sombra para los vehículos, contengamos la caída de piedras desde la montaña que nos observa, instalemos hermosos pabellones que sustituyan a los improvisados kioscos, ...acerquemos ese lujo a la ciudad...

Con esta primera puesta en situación quiero manifestar mi asombro por el inmenso poder del ser humano para transformar la Naturaleza. Este poder de interacción puede ser enorme y de una escala tan brutal como nos puede sugerir el acto primero: lo que hoy nos parece cotidiano y hasta "natural" es fruto de una transformación casi épica, efectivamente, un gran "artificio". A su lado, el acto segundo nos parece una transformación de menor escala, casi una evolución. Es como pulir un diamante, y ese es nuestro empeño. Igual que el tallista descubre una a una las facetas de la piedra preciosa, nosotros, armados de un instrumento tan humilde, pero a la vez tan poderoso como un lápiz, descubrimos las facetas de Las Teresitas y quedamos fascinados por su brillo.

Las gentes de mar/las gentes de tierra adentro

A menudo se oye que aquellos que han crecido junto al mar no pueden soportar su ausencia por largo tiempo. Experimentan casi un corte de su cordón umbilical. Por el contrario las gentes de tierra adentro no sufrimos de esta ausencia, pero la presencia, incluso breve, de la mar supone un acontecimiento extraordinario, casi mágico. La mar es, en efecto, un lujo; para algunos necesidad vital; para otros acontecimiento extraordinario. La posibilidad de disfrutarla de forma permanente, sin necesidad de estar de vacaciones, sin esperar al fin de semana, de tomar aviones a lejanos destinos, en fin de hacerlo de forma cotidiana, de día o de noche, es el lujo de Las Teresitas.

El lujo

Los habitantes de Santa Cruz de Tenerife son, por tanto, doblemente afortunados. Primero por vivir en una isla hermosa, telúrica y solemne y segundo por tener a su alcance una playa que con la aportación, el esfuerzo y la generosidad de todos será la más hermosa y la más cercana... y eso, señores, es el verdadero lujo, un sueño del ocio al alcance de todos.

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