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13/jun/02 21:01
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Sobre la huelga general


Que una gran mayoría de ciudadanos - determinados sindicatos incluidos - consideramos improcedente la huelga general del 20 de junio es algo que cada día está más claro. Resumo en cinco puntos algunas de las razones que nos asisten: 1. El Gobierno tiene el deber de gobernar. Para eso lo elegimos. Y no debió de hacerlo tan mal en su primer mandato cuando le dimos la mayoría absoluta para el segundo. 2. Para cumplir el deber de gobernar, y después de haber logrado disminuir el paro, el Ejecutivo, en un intento de encauzar debidamente cuanto guarda relación con el desempleo, ofreció a los agentes sociales unas "propuestas base" que, a través del diálogo, podrían ser mejoradas. Los sindicatos - no así la patronal - respondieron a ese ofrecimiento diciendo que "o el gobierno retiraba su propuesta o iban a la huelga general". 3. ¿Cómo es posible - nos preguntamos - que los sindicatos, haciendo uso nada menos que de una huelga general, se opongan a unas medidas que pretenden, entre otras cosas, poner coto a los abusos - que son del dominio público - que se dan habitualmente en las prestaciones por desempleo? 4. ¿Cómo es posible - y coincidimos en esto con Ramón Pi - que los sindicatos no nos hayan informado a los ciudadanos de cuáles son los intereses agredidos a conculcados por la propuesta del Gobierno - propuesta mejorable a través del diálogo - a fin de que podamos juzgar si hay o no razones suficientes para paralizar el país? 5. ¿Cómo es posible que los sindicatos no tengan reparo en dañar la imagen de nuestro país y el prestigio del gobierno haciendo coincidir la huelga general con la cumbre de la Unión Europea en Sevilla? Sin embargo, para mí, modestísimo ciudadano de a pie, la razón está muy clara: con esta medida se intenta impedir que el presidente del Gobierno "se vaya de rositas" sin conocer una huelga general cuando, creo recordar, su antecesor en el cargo padeció dos o tres. Claro que la situación de ambos es distinta: el actual presidente se va a los ocho años, como había prometido, y nos deja menos paro, menos impuestos, menos corrupción, más prestigio a nivel internacional..., mientras que su antecesor no se fue por propia iniciativa, sino que los ciudadanos, a través del voto, le dijimos que se fuera... dejándonos un altísimo nivel de paro, unos impuestos más elevados, una corrupción generalizada, etc. ¿Qué haremos los españoles el 20 de junio?Cada cual obrará según su conciencia. Por lo que a mí respecta les diré que el 20 de junio pienso trabajar como todos los días.
L

Luis Riesgo Ménguez

Los nuevos "Celestina s"
Acabo de leer, con estupor, la nueva propuesta que se han sacado de la manga los políticos gallegos en pleno, poniendo a precio de saldo la píldora postcoital. Lo releo, y todavía alucino más.
Que ciertos partidos lo propongan, y pretendan lógicamente sacarlo adelante, es hasta lógico dado su nivel en lo que se refiere al respeto a lo que es la persona, a lo que representa, a los valores que la ennoblecen, etc. Hasta aquí no tengo nada que objetar; aunque se comprenderá que no lo comparta. Mi perplejidad y mi desencanto viene por lo que dice representar el PP, y por lo que dice creer y defender el Sr. Fraga.
No tengo ningún reparo en decir que admiro cómo ha sabido poner a Galicia a la altura que está, y que sin duda merece; como reconozco todo lo que de bueno ha hecho el PP en España, por ejemplo en el plano económico.
Pero no puedo estar de acuerdo en el tema que, desgraciadamente, nos ocupa. Lo que se fomenta con la susodicha píldora no es ni más ni menos que sexo: sexo en estado "puro". Y no escribo "por si alguien no se ha enterado" porque los mismos políticos que han aprobado la medida reconocen sin paliativos que las personas que más acuden a solicitarla son los jóvenes que, con esta medida, tendrán más fácil acceso a ella. Y esto lo presenta como un triunfo. Pero lo será únicamente si ponemos ahí, en el sexo, el horizonte de la persona humana. ¿Es este el concepto de persona que tiene el PP? La verdad es que no es el primer guiño que nos hace al respecto, porque con la píldora abortiva ya desbarró sobremanera. Por cierto, la píldora postcoital también lo es.
No sé por qué extraña conexión me ha venido a la cabeza aquel personaje de nuestro siglo de oro, La Celestina; quizá porque también andaba en cuestiones de sexo. Pero estoy convencido de que lo hacía con mucha mayor humanidad que nuestros políticos al uso; y nunca pensó que lo que hacía era una auténtica conquista social y política.
Si toda la regeneración democrática que nos prometió el PP va por estos derroteros, que no cuenten más conmigo. Porque si tal regeneración no alcanza a la regeneración moral, la que con más urgencia necesita este país, no sé qué es peor: si votar socialista, que ya se sabe lo que dan de sí: estos no engañan; o votar PP, que te da gato por liebre. Lo pensaré detenidamente para las próximas elecciones.
L

José Luis Aberasturi

(Guadalajara)

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