¡Oh, qué noche de verano!
Noche cuajada
de estrellas.
Noche, en el cielo,
de fiesta.
Cómo brillan, allá arriba,
las diminutas estrellas;
y cómo sonríen todas,
con qué gracia parpadean
y nos dicen su mensaje
de pureza.
Los balcones y ventanas,
en esta noche serena,
de las casas de este pueblo
tienen las hojas abiertas,
y la brisa
volandera,
la de las alas
ligeras,
en las ramas de los árboles
se ha posado muda y quieta.
En esta noche apacible
las niñas a corro juegan,
y cantan todas a coro
sus cancioncillas ingenuas.
Y cómo quisieran todas
¡Ay! todas ella quisieran
ser también
como princesas,
y tener un caballero
de espada, cota y cimera,
que subiera a las alturas,
a las alturas inmensas,
y les trajera del cielo
un lindo collar de estrellas.
¡Oh, qué bella está la noche!
Noche de calor, espesa.
De la brisa que ha posado
sus alas en la arboleda;
de las ventanas
abiertas.
Del cielo que es un jardín
todo de rosas abiertas.
Del jardín
que es una fiesta,
una fiesta que ahora enciende
cien mil bombillas eléctricas.
Y sobre todo de niñas,
de niñas que en corro juegan,
y que cantan como ángeles
bajo las altas estrellas.
Francisco González Tosco
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