AHORA VIENE LA PRUEBA. España se ha merendado a sus tres primeros rivales, ha ido creciendo como equipo y tiene ya una autoestima que hace pensar en cualquier cosa. Quizás ése sea el mayor peligro.
Ésta es una selección diferente, pero no impermeable al ambiente, al entorno que cuando las cosas van bien ha emborrachado de euforia a los jugadores. La verdadera prueba para España no es de capacidad ni de juego, sino mental. El domingo sabremos si este equipo, que futbolísticamente tiene tantos recursos, es también capaz de defender sin descomponerse su condición de favorito. El desafío será ante un rival incómodo, rácano, duro y competitivo. Eire no es coña. Juegan un fútbol directo, evitan discutir por la posesión del balón en el centro del campo, ocultan así su falta de técnica individual y hacen de la estrategia su método para vivir en la elite. Nada de estas cosas nos va bien. España se maneja mejor con la pelota rodada, jugando en corto, forzando acciones de regate o paredes y, además, sufre muchísimo en el juego aéreo.
Ahora que la euforia se extiende como cebo peligroso para la confianza excesiva, este encuentro del domingo va a aclararnos a todos si verdaderamente tenemos razones para creer que España va a hacer historia. Si juega concentrada, sin la prepotencia que empieza a dominar el ambiente, ganará.
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