Ayer se celebró la prueba testifical en el juicio con jurado que se sigue contra un palmero de 32 años acusado de atropellar a un hombre de 74 años cuando cruzaba un paso de peatones en el centro de Los Sauces (La Palma) y proseguir hasta su casa, donde se acostó porque se encontraba somnoliento por la ingesta de un ansiolítico y bebidas alcohólicas, en marzo de 2000.
Durante la sesión comparecieron los guardias civiles que realizaron las pruebas de alcoholemia al acusado, así como un empleado de una gasolinera, un barrendero que es tío del acusado, el hijo de la víctima, un señor que se encontraba cerca del lugar de los hechos y un camarero.
Las contradicciones entre los testigos que comparecieron ayer fue la nota predominante, sobre todo en las declaraciones prestadas por el barrendero y tío de la víctima y el camarero que le ofreció al inculpado a que le acompañara con un grupo de personas al Entierro de la Sardina en Santa Cruz de La Palma.
Estaba separándose
Este mismo testigo manifestó que "él estaba separándose y lo estaba pasando muy mal. Un grupo de amigos estábamos en Los Galguitos y le convencimos de que se viniera con nosotros a Santa Cruz de La Palma. Comimos unos bocadillos y pedimos una copa. Regresamos todos en el mismo furgón. Él se pasó el camino durmiendo y cuando llegamos donde dejó su coche, se subió y yo no lo vi en mal estado. Sí podía conducir, de hecho, nosotros íbamos detrás de él y no notamos nada. Yo le vi con sueño, pero podía conducir. No llegamos al mismo tiempo a San Andrés y Sauces. Llegamos cuando ya había sido el atropello".
Los guardias civiles manifestaron ayer que "el lugar donde ocurrió el trágico accidente tiene un tramo llano de unos 600 metros con buena visibilidad. Nos dijeron que escucharon un golpe y cuando salieron del bar ven algo tirado en el suelo - refiriéndose a la víctima - . El acusado vive a unos 200 metros del cuartel de la Guardia Civil. Las dos pruebas de alcoholemia que se le practicaron dieron 0,76 y 0,73 miligramos de alcohol por litro de aire respirado. Tenía permiso desde 1987 y la tasa normal es de 0,25 miligramos".
Otro agente dijo que hicieron la prueba y luego elaboraron el croquis y tomaron fotografías. "Cuando fuimos a su casa tenía signos de aturdimiento, ojos y tez enrojecidos y no se situaba, desprendía aliento a alcohol. Las huellas de los neumáticos eran recientes y estaban bien marcadas siendo compatibles con los del vehículo del acusado. Las huellas empezaban antes del paso de peatones y acababa en éste".
Por la situación del cuerpo, los agentes dijeron que podía ir a más de 50 kilómetros hora y que fue desplazado el cuerpo unos diez metros. El acusado hizo un ademán con la mano al empleado de la gasolinera, aunque se ha de determinar si fue un saludo o un gesto de despreocupación que puede ser compatible con que el procesado pensara que había golpeado un contenedor de basura.
El hijo de la víctima manifestó que "desde que ocurrieron los hechos yo tengo que estar pendiente de mi madre porque se encuentra muy mal. Mi padre cobraba unas 70 mil pesetas por su jubilación, pero seguía trabajando como agricultor y yo le ayudaba. Tengo que estar pendiente de darle su medicación".
Un puro en el paso de cebra
Los guardias civiles destacaron que en medio del paso de peatones se encontró un cigarro puro de la marca que fumaba la víctima y de cuya marca llevaba una caja encima cuando falleció.
El barrendero dijo que se encontraba en el bar tomando un café y comprando cigarros y no escuchó nada. El empleado de la gasolinera dijo que se encontraba en la oficina, a unos cien metros, pero salió al escuchar "ahí han atropellado a alguien. Oí un golpe seco. El gesto del conductor del coche lo interpreté como que había dado un golpe y no le dio importancia. No iba a mucha velocidad".
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