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Nueve años de prisión por traer a la Isla 105 bolas de cocaína en el estómago

El procesado cometió el delito el 5 de noviembre de 2001 cuando portaba la sustancia estupefaciente en el interior de su cuerpo. Transportó la cocaína desde Amsterdam al aeropuerto Reina Sofía y superaba el kilo con una pureza del 76 por ciento.

EL DÍA, S/C de Tenerife
16/jun/02 9:40 AM
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La Sección Segunda de la Audiencia Provincial tinerfeña ha condenado a un súbdito liberiano a una pena de nueve años de prisión al ser considerado autor de un delito contra la salud pública y al pago de una multa de 180 mil euros, al tiempo que se decreta el comiso de la droga intervenida, el dinero y los objetos que llevaba encima.

Según consta en la sentencia del caso a la que tuvo acceso EL DÍA "el acusado, sobre la una del día 5 de noviembre de 2001, llegó al aeropuerto Reina Sofía en un vuelo procedente de Amsterdam (Holanda), donde fue interceptado por efectivos del Cuerpo Nacional de Policía tras sospechar que pudiese transportar alguna sustancia estupefaciente. Tras practicarse el correspondiente análisis radiológico se pudo comprobar que portaba en su estómago 105 bolas que una vez analizadas resultaron ser cocaína y que arrojaron un peso 1.041,6 gramos y con un grado de pureza del 76 por ciento que iba a ser destinada a su distribución a terceras personas y cuyo valor en el mercado por gramos hubiera alcanzado la cantidad de 87.784 euros (14.606.062 de pesetas).

En el momento de la detención se le ocuparon 21,64 euros (3.600 pesetas), 60 florines holandeses y un teléfono móvil, todo ello procedente del ilícito tráfico de sustancias estupefacientes. Asimismo, se decretó el bloqueo de la cuenta bancaria donde había un saldo positivo de 1.443, 26 euros".

El Ministerio Fiscal calificó los hechos como constitutivos de un delito contra la salud pública y solicitó una pena de nueve años de prisión y multa de 180.303 euros (30 millones de pesetas).

Por su parte, la defensa manifestó su conformidad con el relato de los hechos, pero se decantó por pedir una pena de seis años de prisión al reconocer su patrocinado la posesión de la droga y el haber obrado en estado de necesidad.

El precitado sin embargo contaba con un contrato de trabajo y tenía fijada su residencia legal en España.

Reconoció los hechos

La Sala estimó que los hechos ahora juzgados son propios del delito del que se acusa al inculpado, ya que él mismo reconoce la posesión de la droga y los agentes de policía que intervinieron en el servicio encuentran la sustancia en poder del procesado, lo cual se convierte en una realidad innegable.

Además, no cabe la eximente de estado de necesidad en un supuesto como el presente pues, de una parte, no se ha acreditado nada al respecto y, por otra parte, no se cumple ni uno solo de los requisitos exigidos como tal tratándose de un extranjero con residencia legal en España y con un contrato de trabajo.