Gastronomía
EL NIDO DEL BRASERO CARPANTÍN

Almuerzo de hoteles


21/jun/02 1:10 AM
Edición impresa

¿QUIÉN NO HA TENIDO un almuerzo de compromiso?

¿Y quién no la ha padecido en un hotel de alto copete, con corbata anudada al cuello y con una incomodidad indigna de los añorados placeres de los ágapes que compartes con los amigos?

Hay hoteles que han perdido el tino. Argumentando un nivel de cinco estrellas, te soplan diez mil pelas del ala por cabeza y sales con una confusión mental entre el porqué de las cosas y el esfuerzo que haces por no montar un número.

Primero te llenan a canapés con combinaciones esotéricas. Eso sí, todas con base de mantequilla de colores.

Luego mezclan guayabos con sardinas, o quesos con toda clase de productos: anchoas, cerezas rojas, jamón, langostinos con surimi, churros de pescado de dudosa calidad y que no tiene familia conocida o gambas gabardina con sabor a lejía de conservación. Escapas como puedes con los quesitos y dos copas de vino.

De primero, sopa, con verduritas flotando y un chorrito de jerez frío que rompe hasta la vajilla, y un fondo de queso y batata que parece una medusa flotando en el mar. Vuelve entera a la cocina.

De segundo, solomillo, siempre solomillo, socorrido y con imagen de poderío por parte del que invita, que se esconde bajo una densa salsa de color marrón, con más cositas flotando, esta vez duras, un rollito de verduras y dos papas más yertas que un estropajo.

Un retortijón y aprovechamos la coyuntura para no volver al comedor.

Teléfono móvil en mano y llamamos a nuestra madre pidiendo auxilio, aunque sea con un plato de papas fritas con huevo.

EL NIDO DEL BRASERO CARPANTÍN