Tenerife

Turismo: entre las directrices, la desconfianza y los centralismos


23/jun/02 12:04 PM
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EL GOBIERNO AUTÓNOMO ha empezado a distribuir el borrador de las Directrices de Ordenación General y del Turismo de Canarias. No estamos ante un escrito cualquiera. Porque si sus contenidos van a responder al enunciado que los encabeza, tales pautas habrán de influir en la estabilidad social, en el desarrollo económico y en las vertientes humanas, familiares, culturales, de infraestructuras... en las Siete Islas y durante los próximos años. Nada menos.

Sería ocioso, entonces, que insistiéramos en la importancia, el relieve o la trascendencia de una normativa, tan básica, sin la que este Archipiélago Atlántico iría proa al marisco. Indefectiblemente. Sin exageraciones simplistas ni escandaleras de mayor o menor cinismo.

Ahora bien, ¿acaso el mismo peso específico y el alcance de lo que se quiere normativizar no exige debates muy amplios, consensos institucionales y acuerdos entre todas las organizaciones representativas de nuestro pueblo?

Escribimos de compromisos firmes y duraderos. Que no de papeles mojados, por emperifollados que resulten en formalismos de legalidad.

PARA EMPRENDER esa práctica de los diálogos reflexivos, el Ejecutivo tendría que aligerarse, antes, de la falta de credibilidad en estos asuntos esenciales. De un descrédito, consecuencia natural de sus tumbos de inmadurez como órgano colegiado. ¿Por qué aquel "Documento Verde", tejido desde la cualificación técnica del equipo de la Vicepresidencia y de Economía y Hacienda, fue torpedeado con las celotipias internas y los amarillismos de politiqueos narcisistas y de conspiración por copar las poltronas y los dornajos? De haber salido adelante el 30 de julio de 2001, fecha de la última revisión, hasta nos hubieran ahorrado los "excelentísimos" el sonrojo de una "Moratoria", tan urgente como irreal. ¿En qué tronja de dislates y de chanchullos abandonaron al bien común de Canarias? ¿Quién se ha aprovechado del año perdido?

Pero si el Gabinete de Román Rodríguez decide ahora volver por los fueros de la gobernabilidad positiva, suponemos que las diversas Consejerías habrán aprendido a confiar unas en otras. Porque, a través de las brechas, o las simas, de la animadversión entre los consejeros es por donde se han colado las presiones de los negocios suculentos, a los que les suele importar un higo pico el interés general de la ciudadanía isleña. Aunque alardeen de patrioterismo.

No basta, sin embargo, haber dejado atrás los recelos consejeriles. Ya que las desconfianzas hacia las demás Administraciones pueden acechar en los articulados de las novísimas leyes. Y no debe ser eso.

LAS DIRECTRICES, las generales y las turísticas, tal vez convendría que huyesen de galimatías, pormenores, trampas y comas de burocracia caótica. Ojo, a la formulación de las supervisiones engorrosas, de sospechas y de pugnas administrativas recíprocas. Sobre todo, cuidado con excluir a los Cabildos y a los Ayuntamientos del debido protagonismo que les corresponde en cada Isla.

En proporción a nuestros kilómetros cuadrados, con 12 millones de visitantes anuales, somos uno de los destinos líderes, preferentes del mundo. No obstante, en un sistema de libre mercado, ¿cómo frenar el crecimiento, permitir el desarrollo sostenible, crecer en calidad y configurar un modelo en el que las decisiones - sobre nuestro territorio y las camas a promover o los hoteles a renovar por envejecidos, etc. - sean tomadas entre nosotros y dejen de venir impuestas? He ahí algunos de los núcleos a regular, con visión concertada de Archipiélago y sumo respeto a la singularidad de cada Isla. Sin hegemonías de unas sobre otras. Ni intromisiones en nombre de una falsa unidad.

DEJEN LOS CENTRALISMOS en el pretérito. Llevan razón cuantos censuran que la Delegación del Gobierno, en Las Palmas, impidiera facilitar informaciones tinerfeñas de la huelga general del día 20 a la "Sub-dependencia" de nuestra Capital, y también de Canarias, de donde nunca debieron suprimir al Gobierno Civil. ¿Llamamos a tal "ordeno y mando" acercar los servicios a los ciudadanos?

En cuanto a la disyuntiva, esponsorizada en G. Canaria: o todo para allá o doble autonomía, por favor, recuperen la cordura, que para ello han arramblado con inversiones hospitalarias de casi imposible reequilibrio. ¿Qué ocurriría, si la mayoría de los conciudadanos de aquí pronuncian un día en las urnas el "Ojalá al desdoblamiento"? Déjense de chantajes... ustedes han sido los divisionistas desde 1927 y, llegados al siglo XXI, es hora de que abandonen las ansias de mangonear las directrices ajenas. Bastante vejados nos sentimos ya con que vengan a presidirnos actos al socaire de una canariedad por la que no trabajan.