El accidente ocurrido ayer a la altura de Tabaiba, no sólo provocó una fila de vehículos parados que llegaba hasta Santa Cruz, casi diez kilómetros más allá del siniestro, sino que produjo un auténtico caos circulatorio en todas las vías cercanas, especialmente en aquellas con acceso directo a la TF-1. Casi cinco horas después de verse obligados a detener el vehículo, los conductores permanecían junto a ellos absolutamente vencidos por la resignación y con el único consuelo de saberse disculpados de cualquier compromiso. Seguramente, para todos ellos el de ayer fue un atasco diferente en un día anormal. Un tapón en el que sólo la radio y los teléfonos móviles lograron aplacar el lógico nerviosismo.
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