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DRA. A.M. ENEBRAL CASARES

Gravedad histórica de la inmigración


25/jun/02 21:02
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LA HISTORIA, MAESTRA de la vida, debe alertarnos del grave problema que supone para España abrir puertas a la inmigración de razas, religiones y culturas de ajenos continentes. Isabel I fue sin duda mujer inteligente y de eficaz política: supo luchar con Portugal, asumir Castilla, incorporar a ella Aragón y conquistar Andalucía. Mas para obtener la unidad integradora de la naciente España, hubo de llevar a cabo su firme decisión de expulsar a judíos y musulmanes que no aceptaran unificarse con el gobierno y la religión cristiana. Aunque ello supusiese la pérdida de buenas manos de obra y culturales y valiosas aportaciones, la cohesión interior permitió que España fuese el primer país europeo constituido en Nación: una unión territorial y cultural, lingüística y religiosa, hermanada entre sí bajo un mismo Gobierno. Así surgió su culto Renacimiento y esplendoroso Siglo de Oro, extendido hasta lejanos mundos, por ella descubiertos y hermanados. Tal hazaña unificadora superaba con creces la traición de Don Julián, señor de la Mauritania perteneciente a los reyes de Toledo, que, acosado por el caudillo árabe Muza, facilitó que Tarif penetrase en la Península por Algeciras, y en las orillas del Guadalete pereciese en la lucha el último rey godo Don Rodrigo. Descuajada España en "reinos de Taifas" y adjuntada al califato de Damasco, durante siete siglos (711-1492) había quedado envuelta en constantes luchas, traiciones y rivalidades entre moros y cristianos. Cierto que su arquitectura dejó huellas hermosas, sumadas a las artes de judería y preciadas sinagogas en Toledo; pero la privilegiada Península por su situación geográfica, más parecía un mercado de culturas que otra cosa: con restos celtas, íberos, romanos, godos, árabes y judíos, vencieron los "españoles": verdaderos nativos de la Península hispánica, centro del globo terráqueo, abierta a todas las tierras y mares. No en vano de sus costas salieron las naves de Magallanes que dieron la vuelta al mundo.
Mientras mantuvo España su unidad territorial, cultural, lingüística y religiosa, fue en aquellos siglos como generosa madre que extendía sus brazos a nuevos y lejanos hemisferios, dotándolos de su cultura, su lengua y su religión, creando en ellos propios virreinatos; hasta que la envidia de francos y anglicanos atraídos a nuestro nuevo mundo, trataron de separarlos y arrebatarlos. Hermosa y triste, nunca dejó de ser deseada nuestra España. Y ahora... ¿qué? Siempre penando y renaciendo como un Ave Fénix, ¿caeremos nuevamente en engañosas y ambiciosas manos so pretexto de ofrecer generosa acogida, torpe o débil política democrática, y sumisa obediencia europea, introduciendo a aquellos que en otro tiempo tanto daño nos hicieron?... Si ya su masiva entrada es un problema, ¿qué será dentro de nada, si nuevamente admitimos ambiciosos pueblos árabes que exigen mantener su libertad religiosa, reclamando creación de mezquitas y escuelas y barrios y toda clase de derechos propios? He vivido en Andalucía y sé cómo el mundo árabe está buscando su reconquista. ¡Fuera falsas misericordias, o caeremos en ajenas manos! Bien hizo Isabel de Castilla: "O aceptáis nuestra fe y nuestra cultura, o ¡volveos y quedad en vuestra tierra!". La verdadera caridad, suele decirse: comienza por uno mismo. Mas no por él: ¡sí por los suyos!

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