La geria respira de campos inmensos, en ella se internan los verdes cultivos do su aliento aflora orlado de piedras, y su savia enciende de volcanes vivos. Un sol sin fronteras burla todo el suelo, los vientos inmolan su aletear furtivo, las cepas arropan sus venas, latidos, mientras los sembrados bordan su silencio. Un sueño de paz alumbra la aurora, resecas arenas se tuestan, se queman, y los labios pliegan de rezos sin sombra augurando mieses y aguas que vuelan. Plagados de magmas muestran los senderos noches de espejismo, despertar de insomnios, cenizas de ínsula ardientes de fuego, masas permanentes de lava en su entorno. La geria es el libro, lección del arriero, la sangre arrancada de manos que esperan, el suspiro abierto del pensar sincero, un sinfín de rutas que sus huellas deja.
Juan Antonio López de Vergara y Batista
Veredita del amorA mi hija Tery
Manuel Cortés
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