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La producción ganadera isleña sin transformación factura anualmente 180 millones de euros, prácticamente el doble que la platanera; sin embargo, el sector se considera menos atendido y lucha por aumentar su presencia en el mercado canario.

30/jun/02 1:35 AM
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La producción ganadera canaria sin elaborar factura anualmente en torno a los 180 millones de euros. Si se tiene en cuenta que el sector platanero factura, aproximadamente, la mitad, se hace más que evidente el peso que tiene este sector dentro de la economía del Archipiélago; una importancia a veces olvidada por las administraciones públicas y casi siempre por la ciudadanía.

Para hablar de ganadería y de pesca - otra actividad que atraviesa por difíciles momentos - este periódico sentó en torno a su última mesa de debate a varios cualificados especialistas, que radiografiaron ambos sectores y dibujaron el futuro que les espera.

Juan Gabriel de la Fuente, director general de Ganadería del Gobierno de Canarias; Pedro Molina, presidente de la Asociación Ganadera de Tenerife (Agate); Vicente Rivero, presidente de la Federación de Cofradías de Santa Cruz de Tenerife, y Juan Pedro Dávila, ganadero y presidente del PNC de Tenerife, plantearon un presente difícil, pero un futuro posible y esperanzador, básicamente en el sector de la ganadería.

Y una de las patas donde se debe asentar la consolidación definitiva es la mejora de la calidad y, por tanto, de la competitividad, que permita mejorar la proporción de productos canarios que se consumen en el Archipiélago. Ahora mismo, el nivel de auto abastecimiento es bastante bajo, según puso de manifiesto Pedro Molina, quien echó de menos una mayor concienciación por parte de las administraciones públicas con el sector y de la propia sociedad hacia una actividad en la que muchas veces sólo ve molestias.

El presidente de los ganaderos señaló que, evidentemente, no es posible ser auto suficiente en todos los productos, pero fijó como valores óptimos entre un 40 y un 50 por ciento de cuota de mercado para la leche y algunos tipos de carne. Pero esta situación se daría en un escenario de fuerza del sector ganadero canario, que para llegar precisaría que la sociedad volviera la cara nuevamente hacia la Naturaleza.

Juan Pedro Dávila, por su lado, subrayó que el nivel de auto abastecimiento debe ser "el máximo de nuestras propias posibilidades" y el que pueda marcar el sector y destacó también que el valor añadido que se genera al consumir productos de las Islas es mucho mayor que el que produce la llegada de un contenedor de pollos a las Islas, por poner un ejemplo. También argumentó que la confianza del consumidor en relación con la seguridad alimentaria será mayor en el caso de un producto del "país" que de otro de fuera.

El director general coincidió con Dávila en el sentido de que el incremento de producción interior y el aumento de cuota de mercado lo fijará espontáneamente el propio sector. En este punto discrepó con Pedro Molina, quien había apostado en una intervención anterior por que el Gobierno de Canarias definiera dentro de sus líneas estratégicas cuáles son los índices de producción asumibles por el sector.

Juan Gabriel de la Fuente, a la postre primer director general de Ganadería que tiene el Gobierno de Canarias, aseguró que se trata finalmente de que haya explotaciones ganadera con una producción de calidad, de que el consumidor pueda identificar el producto con la explotación y se establezca una relación de confianza basada en la calidad.

El director general también asumió como imposible llegar al cien por cien de auto abastecimiento, pero insistió en que el sector ganadero canario puede ser perfectamente competitivo en calidad. Para ello también demandó una cultura propia, como existe ya en las islas con los vinos y su denominaciones de origen, de suerte que el consumidor pueda identificar y fidelizarse con un producto canario.

De la Fuente confirmó, en cualquier caso, que el sector comienza a tener reconocimiento social y a superar tradicionales problemas. Uno de ellos lo comentó Pedro Molina, quien advirtió que a veces los ayuntamientos, presionados por los vecinos, echan para atrás proyectos de explotaciones ganaderas en terrenos autorizados previamente.