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Primero fue el HUEVO

El investigador canario Roberto Quevedo ha descubierto el primer embrión de dinosaurio en España, al detectar huesos compatibles con una nueva especie carnívora en el interior de un huevo procedente de Mongolia y sin tener que romperlo.

EFE, Las Palmas
30/jun/02 1:37 AM
Edición impresa

El investigador canario Roberto Quevedo ha protagonizado el primer descubrimiento de un embrión de dinosaurio en España, al detectar huesos compatibles con una nueva especie carnívora en el interior de un huevo procedente de Mongolia, sin que tuviera que romperlo.

El herpetólogo Jim Pether, británico afincado en Gran Canaria, compró hace ocho años en una tienda londinense dos huevos de dinosaurio que fueron sometidos a un escáner en el Hospital Insular de Gran Canaria por la curiosidad de comprobar si guardaban algún contenido.

Tras varios años de trabajos y la aplicación de técnicas tan diversas como las usadas para tratar imágenes en medicina y en astronomía, empleadas sobre las obtenidas por rayos X tratadas digitalmente, Quevedo obtuvo hace seis meses la certeza de que este embrión no nació hace 70 millones de años debido a "un drama" que espera desentrañar con el estudio de este fósil.

El descubrimiento ha supuesto varios hallazgos en uno, lo que le ha valido la invitación de la Universidad de Cambridge para que el investigador canario exponga los resultados obtenidos en el prestigioso simposio que celebra cada año esta institución sobre vertebrados extinguidos y técnicas de investigación.

"Resulta extraño encontrar un embrión fosilizado", explicó, "porque está formado por tejidos blandos. De hecho, salvo los de saurópodos encontrados en Argentina, apenas se conoce una decena en el mundo, pero es más raro aún que sea un embrión poco desarrollado como éste, tanto por la dificultad de que exista como por la de descubrirlo".

Con la combinación de diversas técnicas, algunas de ellas desechadas por los paleontólogos, Roberto Quevedo ha demostrado que es posible conocer con bastante exactitud el contenido de un huevo fosilizado sin necesidad de romperlo y, por tanto, sin arriesgarse a destruir partes valiosas del embrión.

"Esta nueva metodología es adecuada también para encontrar embriones poco desarrollados que pasaban desapercibidos en huevos en los que, hasta ahora, se creía que no había nada", agregó.

Como los embriones fosilizados son escasos, es difícil conocer a qué especie pertenecen, así que se comparan con los fósiles de adultos que se encuentran alrededor y se consideran de la misma especie, pero en este caso no se encontraron referencias del desierto de Mongolia cuando éste era un vergel, según se desprende de los poros de la propia cáscara.

Otro de los hallazgos en este huevo es una huella de un tridáctilo de unos doce centímetros, es decir, de un animal con patas de tres dedos que pudo haber sido una pisada accidental o, incluso, la de un depredador, y que, en cualquier caso, podrá ofrecer información para averiguar qué dinosaurios pudieron rodear al huevo.

Entre las posibilidades que impidieron que el pequeño dinosaurio naciera, Quevedo destacó la asfixia, la rotura de la cáscara y la intervención de un depredador que pudo comerse parte del embrión, lo que conocerá con mayor exactitud cuando abra el huevo.

Para ello se puede usar la técnica del erosionado o aplicar un ácido especial que desgasta el huevo un milímetro al día, pero el investigador utilizará un método novedoso.

Imagen virtual

Roberto Quevedo tiene previsto emplear rayos X y aparatos que conviertan las imágenes en datos que se puedan reproducir en una escultura virtual tridimensional para obtener una maqueta que se pueda manipular antes de trabajar directamente.

La larga investigación que ha llevado a Roberto Quevedo a obtener imágenes cada vez más nítidas ha contado con la colaboración de Toshiba Medical Systems Canarias, así como la de Chris Rorden, especialista en neuropsicología de la Universidad de Nottingham (Reino Unido).

El futuro del huevo depende de Pether, quien posiblemente mostrará su tesoro en el parque que dirige en Gran Canaria, según explicó, y aunque no tiene ninguna intención de venderlo, en Estados Unidos se pagaron 1,2 millones de dólares por un huevo con embrión en una subasta.