Tenerife Norte
CELESTINO GONZÁLEZ HERREROS

Puerto de la Cruz y sus fiestas patronales


6/jul/02 18:26 PM
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EN LAS CALLES DE LA CIUDAD, en sus gentes, ya se percibe un halo de devoción manifiesta y los primeros síntomas delatores del natural nerviosismo generado por la sana idea, dada su proximidad inminente, de las fiestas del Puerto de la Cruz, al llegar el mes de julio. La celebración religiosa y popular, del Gran Poder de Dios y la Virgen del Carmen, representa para los portuenses motivo extraordinario, desde tiempos muy lejanos. En esa ocasión, convergen, el entusiasmo más vivo y la ilusión más grande del pensamiento humano. Los más viejos la gozamos de una forma distinta, más cerca de Dios y la Virgen del Carmen, a medida que entramos en años, sosegadamente y reflexivos, buscando el calor divino. Los más jóvenes y algunos entrados en años, sin darle la espalda a los actos religiosos - exceptuando el embarque de la Virgen del Carmen - aprovechan el tiempo de fiesta hasta el máximo, porque el Puerto de la Cruz, siempre ha sabido brindar alegría sin par y oportunidades mil. El Programa de las Fiestas Patronales, cada año, trata de ser lo más amplio posible y generoso a la vez, sin embargo, dentro de nuestras limitaciones, en otras y muy difíciles épocas, las recordamos siempre como si hubieran sido fiestas mejores. Y, hay que entenderlo. Los mayores las hemos ido idealizando, cada año que pasa. Así como idealizamos todos los acontecimientos de nuestra juventud perdida y de la misma infancia. Seguramente, lo mismo le ocurrirá, mañana, a los jóvenes de hoy. De todas formas, el Puerto de la Cruz, por su idiosincrasia, para propios y extraños, ha sido siempre un lugar para amar y recordar con gratitud y cariño. Es un lugar enigmático, que engancha y ennoblece a la vez. Es como un pequeño edén fecundo de luz y calor humano que nadie quiere perderse; y sus gentes conservan el atractivo de la solidaria sensibilidad y gentilicio universal.
Los pasos de la Imagen del "Viejito" por las calles de la ciudad... impone, cuando asoma, o le vemos pasar en silencio. Su dulce mirada, parece que acariciara; y nos consuela enormemente, envuelta en el aroma de las flores que le adornan y el resplandor de la luz de los cirios encendidos. ¡Gran Poder de Dios! Jamás habrá palabras con que elogiar tanta belleza y bondad infinita, cuando le vemos de frente, y hasta parece que nos hablara dulcemente. Jamás sabremos ganarnos tanto amor omnipotente, en tanto no sepamos comprender el mensaje armonioso de su triste mirada...
Y, nuestra madre marinera, señora y reina de los mares, la Virgen del Carmen, tan pura. Así como calma la furia de tantas tempestades, a nuestro corazón llega, cual bendición del Cielo, a través de nuestras oraciones; y nos depara la paz espiritual, cuando le solicitamos. Y calma el llanto de los desesperados, y consuela al más necesitado cuando le imploramos; y nos perdona, y nos orienta si nos hallamos perdidos en la desesperación. Jamás nos abandona, ni en tierra, ni en la mar... Ni olvida a los que están ausentes, los que no pueden venir a verla y a estar con Ella, los que emigraron y la recuerdan, allende los mares. Ni abandona a los enfermos encamados que le ruegan desde el lecho del dolor; ni a los que cuidan de ellos en esos momentos.
El Puerto de la Cruz, echa al viento el tañer de sus campanas, y los ángeles hacen sonar los clarines del amor, para recibir en nuestras fiestas patronales, a quienes quieran visitarnos y puedan honrarnos con su presencia.
CELESTINO GONZÁLEZ HERREROS