Santa Cruz de Tenerife

El centro comercial del domingo

El Rastro de Santa Cruz, cada vez más extenso y populoso, se ha convertido en una parte

22/jul/02 2:38 AM
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LAS NORMAS
Molestar lo menos posible

La Asociación del Rastro de Santa Cruz ha comunicado a los interesados, sean asociados o no, una serie de reglas para molestar lo menos posible al colectivo vecinal, amén de solicitar a todos los vendedores su colaboración e implicación en cumplir estas normas: no instalar los puestos antes de las 07:00 horas; no permitir entrar a los vehículos después de las 08:30 horas; no poner música nunca antes de las 10:00 horas; cada uno debe limpiar la basura de su puesto recogiéndola en bolsas o cajas; y no formar escándalos en ningún momento.

LOS DATOS
Un gran entramado semanal

El Rastro mueve cada semana un gran volumen de personas y recursos para que los visitantes tengan mercancías para elegir. Cerca de 700 puestos en la actualidad se montan cada madrugada del domingo para que por la mañana los clientes reciban la correspondiente oferta semanal. Además de esas 700 familias, otras 150, más o menos, acuden cada domingo a la cita sin estar asociadas y se ubican en la zona de presidencia del Gobierno. La cifra aumenta durante la época navideña, de octubre a diciembre, hasta los más de mil puestos. Estos últimos tienen una dimensión media de cuatro metros y van desde los dos hasta un máximo de seis. Según los cálculos de la Asociación, un mínimo que oscila entre las diez y las quince mil personas visitan la zona cada fin de semana. Entre los vendedores hay de todas las zonas de la Isla, ya que acude gente desde Candelaria, Las Américas, Los Realejos, Puerto de la Cruz o Icod. También vienen, incluso, de La Gomera, La Palma o Gran Canaria y hay personas de todas las nacionalidades, en un mosaico multicolor en el que, según ellos mismos dicen, imperan la camaradería, la comunicación y el buen ambiente.

JOSÉ D. MÉNDEZ, S/C de Tenerife

No se entiende la mañana del domingo en Santa Cruz sin el Rastro, así en mayúsculas. Ha cumplido 25 años desde que se iniciara por iniciativa de los vecinos de Los Lavaderos y El Toscal y ha crecido de manera insospechada, incluso para sus propios beneficiarios.

Tras la ubicación inicial en la Rambla del General Franco, el éxito desbordó el humilde mercadillo y terminó por molestar a los vecinos. Fue trasladado a la avenida de Anaga, donde ocurrió lo mismo, pero con el añadido de que había que acometer unas obras en la zona. Y así, de bote en bote, el Rastro llegó hace diez años a la zona del mercado, su actual "casa".

Carmen Tejera, presidenta de la Asociación del Rastro, rememora aquellos momentos: "Nos dijeron que iba a ser algo provisional e incluso los puestos del mercado mostraron su oposición y llegaron a denunciarnos. No abrían los puestos ni los bares de la zona, pero el negocio crecía y el Rastro se amplió a Bravo Murillo o Tres de Mayo". La segunda época abarca los últimos cinco años: "Los puestos de siempre empezaron a abrir, pero antes vivíamos sin el mercado como ahora lo hacemos con él".

Carmen Tejera no eludió opinar sobre la posibilidad de un nuevo traslado de zona: "Puede ser porque nos obligan las circunstancias y la ley, ya que los vecinos se han aliado con la Asociación contra el Ruido. Estamos dispuestos a irnos, pero sólo si lo hacemos juntos los 700 asociados, entre los que están los dueños de las casetas azules, que montan su puesto por fuera los domingos. Queremos quedarnos por el servicio mutuo Rastro-Mercado y por las personas que aquí nos han apoyado. En la zona hay bares y baños, además de líneas de guaguas, unos servicios completos, y no sabemos qué ocurrirá en el lugar a donde nos quieren trasladar". "Quedarnos - reflexionó - podría traernos problemas de espacio si lo reducen al no caber todos. Hay una alternativa interesante, céntrica, no lejos del mercado, y con servicios adecuados, pero estamos en un compás de espera porque lo primero es luchar por quedarnos sin molestar".

La voz de los vecinos

Tomás Buenavides es uno de los portavoces de los vecinos que quieren que el Rastro se marche de la zona. Explicó a EL DÍA la postura: "Tácitamente, representamos a los propietarios de los edificios Vallehermoso, Ferrovial y Urbis, en Bravo Murillo, sobre las 1.300 personas. Nuestra postura no ha variado desde principios de año cuando planteamos que tenemos derecho al descanso como todo el mundo, aunque no estamos en contra de nadie. Supone un martirio que el 20% de los días del año no podamos dormir y más aún que sean los domingos. Los que tenemos opciones de hacerlo nos marchamos esos días. Por poco ruido que hagan, las tareas empiezan a la una y media de la madrugada y resulta imposible no molestar. Si se desplazan creo que no se perjudicaría a nadie