Criterios
LO ÚLTIMO:
foto del aviso
Desaparece una menor de 17 años en Santa Cruz de Tenerife leer
PABLO PAZ

Hechos consumados


23/jul/02 21:04 PM
Edición impresa

EL REINO ALAUITA con sus dirigentes al frente liderados, cómo no, por su monarca de turno, ha tenido el acierto de saber siempre con quiénes compartir su destino: se hermana con los españoles, se alinea con los americanos, se asocia con los franceses, hace negocios con la Comunidad Económica Europea y, a la vez, se cachondea de todos y cada uno de ellos y, muy especialmente, de sus vecinos los españoles. Además, y para más inri, cada iniciativa política que lleva a cabo, encima, le sale bien. Al menos, hasta ahora.

Los marroquíes saben que no tienen nada que perder y sí, por el contrario, mucho que ganar. Saben maniobrar a la perfección los entresijos de la política; ellos, regidos por una monarquía autoritaria que utiliza el ultranacionalismo como tapadera de su despótica política interior, saben que pueden llevar la iniciativa y jugar con ventaja en temas tales como la pesca, la agricultura o la política exterior porque conocen de sobra lo lenta que son las democracias a la hora de tomar decisiones ejecutivas; conocen que, frente a sus acciones convertidas en hechos consumados, tienen casi siempre como respuesta la palabra convertida en resignación democrática. Son profesores a la hora de manejar la alta política, dirigen como nadie la inmigración convertida en una de sus mayores fuentes de ingresos; son expertos en negociar tratados, acuerdos, compromisos... Pero en lo que realmente son verdaderos maestros es en llevar a cabo y terminar con buen fin la defensa de sus propios intereses, sean éstos lícitos o no, a través, precisamente, de los hechos consumados.

Y, mientras consuman los hechos o lo que haga falta consumar, dando paso tras paso en un avance sin concretar, aunque muchos sospechemos la dirección, si bien, probablemente, desconozcamos el destino final, y, sobre todo, las posibles consecuencias, las sociedades democráticas en general, y el reino español en particular, no puede seguir por más tiempo jugando a poner la otra mejilla, una vez que le han destrozado la anterior. El reino español arrastra como una losa el terrible complejo de las democracias jóvenes, huyendo siempre que puede del uso de la legítima defensa o de hacer uso de la fuerza cuando ésta se asienta en la razón. Debemos utilizar - como han hecho otras democracias mucho más consolidadas que la nuestra - la diplomacia, pero revestida de la firmeza y de la determinación necesarias para utilizar la fuerza - como así ha sido - , si las palabras son boicoteadas, ignoradas u obstaculizadas por el sultán. No olvidemos que, cuando un país no es capaz de defender lo poco, difícilmente podrá defender lo mucho; y una vez perdida la dignidad, es mejor emigrar a otro lugar.

PABLO PAZ