Tenerife

Canarias: transparencia gestora y participación ciudadana


28/jul/02 12:05 PM
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CON AMBIENTE DE CAMPAÑA ELECTORAL para los comicios del 2003, el Gabinete de Román Rodríguez nos acaba de obsequiar con el «Sociobarómetro» de junio. No ha sido del todo novedoso el regalito porque algunas filtraciones, en aras de los protagonismos personalistas y de conocidos clientelismos mediáticos, se apresuraron a tomarle la delantera a la presentación oficial que realizaba el portavoz, Pedro Quevedo, el miércoles 24.

Chapuzas formales aparte, en el instrumento gubernamental son profusos los porcentajes y las cifras. Dan pie a todo tipo de interpretaciones, según el paladar interesado de cada cual. Pero, de concederles alguna credibilidad objetiva a los números enteros y hasta a los decimales, las primeras preguntas tendríamos que dirigirlas al propio Gobierno "emisor". Con los interrogantes de si el órgano colegiado, por fin, funciona como tal; presta atención a las tablas de los resultados de las consultas; toma buena nota para la enmienda y corrige errores, fallos, marañas, omisiones, desmanes, galimatías...

¿Será posible? ¿A qué conclusión, armonizada, habrán llegado el señor presidente y los señores consejeros, después de tener constancia de que ni siquiera diez de cada cien ciudadanos isleños hablan de asuntos políticos, con frecuencia, entre las amistades? ¿O que más de la mitad jamás abordan esos temas en sus conversaciones cotidianas? ¿Ya han analizado tan abultado pasotismo en el cuerpo electoral? ¿No les urge a nada?

EXCEPTUEMOS A LOS GESTORES LABORIOSOS, en equipos de gobierno y de oposición, que cumplen con su deberes sociales. A cuantos, día a día, prestigian a las instituciones. Con actitudes discretas y aptitudes fehacientes.

Sin embargo, en el panorama general de la política de nuestro Archipiélago Atlántico, hemos soportado una legislatura preñada de sucesivos escándalos: el ICFEM, Jinámar, Tindaya...no es vituperable, todo lo contrario, el que se recurra a los tribunales cuando así sea preciso. Para eso están. Para entender en los quebrantamientos de legalidad, sin dejar impunes los delitos, las faltas, las anomalías. Merecemos el imperio de la justicia.

Lo que sí causan indignación son los hermetismos confabulados y de conspiraciones de cloaca, sentina o pozo negro. Las manipulaciones torticeras. La judicialización, precipitada, de controversias espurias, de duelos arribistas, de codicias particulares y de grupúsculos, de confrontaciones electoreras sin respiros ni final. ¿Por qué las ceremonias de la confusión, promovidas a veces desde alguna Consejería en plan cantonalista? ¿Con objeto de ocultar mayores chanchullos, bajo el anticipado disfraz de una limpidez artificiosa?

A LA ESPERA DE LOS PRONUNCIAMIENTOS judiciales, que serán por fortuna los que pondrán cada cosa en su sitio, las representaciones politizadas con el guión de Tindaya también nos han castigado con un espectáculo deplorable. Bochornoso. Indeseable. Durante demasiados meses.

La ciudadanía tinerfeña, de la Comunidad Canaria permanece a la espera de las sentencias. Lo que no impide que clame por esos casi dos mil millones de pesetas, por cuenta de sus sacrificados impuestos, al parecer evaporados o comprometidos - a cambio de nada - entre sinuosidades administrativas. ¿No se ha librado aún, pero se halla comprometida la entrega, mediante avales? Escribimos de dinero público, de todos, y que habría de retornar a las arcas del común. Más pronto que tarde y con los intereses oportunos. O no detraerlo nunca de los presupuestos consejeriles.

El pleito en torno a las posibles jeringonzas burocráticas no debería sustituir a esa obligación, puntual e irrenunciable, de recuperar, o de no perder, ni un solo céntimo de los recursos del conjunto de los ciudadanos isleños

HEMOS DE SALUDAR LA TRANSPARENCIA. Sin excepciones. Nos congratula que Mariano Rajoy, vicepresidente primero del Gobierno Aznar, explique que el traslado de inmigrantes "ilegales" desde Canarias a otras Comunidades Autónomas se justifica "por razones humanitarias" y que "sería un error" no hacerlo así.

Eso es ponerse en razón, finalmente. Las realidades territoriales de las Siete Islas son las que marcan y modulan la natural y efectiva solidaridad.

La prevalencia de las claridades gestoras estimulan la participación de la ciudadanía en los asuntos políticos. El oscurantismo es el que empuja a dar la espalda del aburrimiento y de las exasperaciones: ¡ay, de sus artífices!