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HERZL INBAR EMBAJADOR DE ISRAEL EN ESPAÑA

"La cuestión no es negociar con estos grupos terroristas, sino desmantelarlos"

Nacido en Polonia en 1938, emigró a Israel en 1957, donde cursó estudios de Ciencias Políticas y Sociología, además de Historia Contemporánea del Pueblo Judío. En adelante ha desempeñado misiones diplomáticas en Latinoamérica, además de cargos en el Ministerio de Exteriores.

10/ago/02 3:41 AM
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Antijudaísmo

La relación diplomática entre Israel y España se reanudó hace diecisiete años y, desde entonces, considera el embajador que "hemos recuperado un tiempo perdido durante el que Israel fue un gran desconocido para los estamentos políticos y económicos españoles. Buena parte de esa mala imagen que mantiene la opinión pública deriva del hecho de que sólo conocían una versión de la historia", explica. Lo cierto es que España no reconoció la gestación del Estado hebreo y el antijudaísmo está arraigado en la costumbre hispana: "El antijudaísmo o el antisemitismo activo existe en muchos países, pero ese rechazo a priori ha creado una imagen estereotipada del judío. Afortunadamente se está generando un interés positivo por la influencia judía", asegura. La relación comercial es importantísima. Israel es el mayor cliente de España en Oriente Medio, con un volumen de negocio que sobrepasa con creces los mil millones de euros.

SERGIO LOJENDIO, S/C de Tenerife

Herzl Inbar ocupa el cargo de embajador de Israel en España y Andorra desde 1999.

- ¿Conocía las Islas?

- Sí, por situación, pero es la primera vez que vengo. Estuve con el presidente del Gobierno en Las Palmas y, ahora, en Tenerife, junto a un grupo folclórico.

- Canarias, ¿qué significado tiene para Israel?

- Mantenemos contactos relacionados con los sistemas de irrigación, cultivos hidropónicos y existe intercambio tecnológico y humano.

- El conflicto palestino - israelí sí es más antiguo.

- Pero no, como se quiere presentar, de siglos. Tampoco es religioso, aunque se utilice la religión con fines políticos. Básicamente es un conflicto entre dos pueblos que se disputan un territorio muy pequeño, y esa lucha la alimentan intereses externos.

- ¿Cree en el interlocutor palestino?

- Ése es el problema sustancial con el que nos hemos topado, especialmente desde la Conferencia de Madrid y los acuerdos de Oslo. La idea era constituir un Estado palestino con instituciones fiables, que ejerciera el monopolio de la fuerza, pero allí conviven organizaciones terroristas que actúan de forma abierta, con su estructura militar y financiera, y las consecuencias de sus acciones son nefastas. En Israel, las organizaciones políticas importantes reconocen la necesidad de contar con un interlocutor válido.

- ¿A su medida?

- No se trata de imponer un régimen, sino de asegurar que ese Estado vecino pueda vivir en paz con Israel.

- El encuentro, entonces, ¿no es posible?

- Se habla de un alto el fuego, pero tiene muy poco sentido. La cuestión no es negociar con estas organizaciones terroristas, sino desmantelarlas. Hasta la misma Europa, poco proclive a estas definiciones, las declaró así tras el 11 de septiembre.

- Pero las imágenes de piedras contra tanques...

- No es tan simple, ni un levantamiento popular de piedras contra carros de combate. Los palestinos admiten el empleo de los niños y me refiero a los jóvenes menores de 18 años que envían como suicidas. Las cifras son tétricas. En los dos últimos años han muerto más de 1.650 palestinos y más de 600 israelíes, y de éstos, dos tercios son civiles jóvenes. Los tanques israelíes, de tanto en tanto, entran en las ciudades que corresponde vigilar a la autoridad palestina.

- ¿Por qué razón?

- Los palestinos podían haber desarrollado sus instituciones, progresar y optaron por la fórmula del terrorismo. Israel interviene en esas ciudades porque la Autoridad Palestina no cumplió ni cumple con la función del ejercicio de la fuerza.

- ¿Y el diálogo?

- Es inevitable. No queda más solución que la vecindad.

- ¿Considera que la opinión pública occidental tiene una percepción deformada de Oriente Medio?

- La opinión pública occidental difiere si hablamos de Canadá o Estados Unidos frente a Europa, donde ciertos círculos alimentan una historia difícil. Son pautas dictadas por una izquierda ortodoxa, casi pre - muro de Berlín.

- ¿El Viejo Continente ha perdido memoria histórica?

- No es cuestión de perder memoria, sino de historia de siglos y décadas: Alemania, el holocausto, la descolonización y la carga de conciencia que para Europa representan las ex colonias, que de alguna manera esa izquierda tradicional, impulsada por la Unión Soviética, insertó en el tema de Israel y los palestinos.

- ¿Y el sionismo?

- Es resultado de los movimientos nacionales del XIX. Disputamos nuestra casa y no un territorio de ultramar, como hizo Francia en Argelia.

HERZL INBAR EMBAJADOR DE ISRAEL EN ESPAÑA