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Tenerife atrae ya a más extranjeros que peninsulares

Durante el año 2000, el número de inmigrantes de origen foráneo superó en Tenerife a los oriundos de la Península. Dentro de este grupo son los americanos, fundamentalmente por el aporte que representan los venezolanos retornados y los cubanos, quienes por primera vez inclinan la balanza a su favor frente a la tradicional supremacía de los europeos.

SERGIO LOJENDIO, S/C de Tenerife
20/ago/02 4:16 AM
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La fisonomía tradicional del inmigrante que se establecía en Tenerife ha variado en apenas un quinquenio.

Aquella imagen estereotipada del peninsular, esencialmente madrileño, que llegaba a la Isla ligado a una actividad funcionarial, empresarial o directiva ha dado paso a un panorama de un marcado carácter multidimensional.

El perfil genérico de los recién llegados, mayoritariamente gallegos y andaluces, responde al de un inmigrante de corte laboral que se asocia con el sector de la construcción o los servicios.

Pero es que según los datos del año 2000, la inmigración extranjera ya supera a la de origen peninsular.

Y tampoco se trata ahora de aquel europeo, fundamentalmente alemán, que elegía Tenerife como lugar donde residenciar su rentable pensión. El grupo que capitaliza estos flujos procede ahora del continente americano, en buena medida debido al retorno de los venezolanos y a la creciente presencia de cubanos, que de esta forma han desplazado a los europeos comunitarios de la posición hegemónica que mantenían.

No en vano es la inmigración, tanto regular como irregular, el fenómeno demográfico que más peso específico está aportando al crecimiento de la población en la Isla a partir de la continuidad creciente de esas corrientes.

Menos tinerfeños

En contraposición con esta dinámica alcista, los datos ya señalan un descenso en valores absolutos de la población originaria de Tenerife durante el quinquenio 1996 - 2000, tramo en el que se habrían perdido 8.481 personas.

Ya advierte el CES de que las actuales tendencias están ocasionando cambios en la realidad territorial, económica y social, que en algunos casos tienen que ver con el agravamiento de las desigualdades, la aparición de modernas formas de pobreza y el incremento de la marginación y la exclusión social.

La propia estructura de la Isla se define por una amplia base. Algo más de la mitad de la población se inscribe en los estratos bajo o medio - bajos del espectro social. Se trata de un abanico de gentes inscritas en múltiples grupos ocupacionales, caracterizados por su nula o baja cualificación, por su estacionalidad laboral, de hogares donde habitan desempleados y cuyo sostenimiento proviene en buena medida de las prestaciones sociales.

De fondo, el Gobierno intensifica una política de atracción de inversiones y residentes, que junto al galopante desarrollo de la urbanización actúa como una relación causa - efecto que genera una dinámica peligrosa.