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La anónima SOLEDAD

Un joven tinerfeño desentraña para EL DÍA las vivencias de un escolta en el País Vasco. Más de seis mil agentes, entre miembros de la seguridad pública y privada, custodian a personas que están directamente amenazadas por ETA.

SERGIO LOJENDIO, S/C de Tenerife
23/ago/02 4:23 AM
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Con la única compañía de un arma fiel, el apoyo de los compañeros y con ese particular instinto capaz de percibir el peligro en cualquier esquina, este joven tinerfeño, que por razones obvias desea permanecer en el anonimato, desentraña para EL DÍA las vivencias de un escolta privado en el País Vasco.

Desde su anónima soledad, Carlos (nombre supuesto) admite que el objetivo que le reserva una profesión por la que siente una enorme pasión "es ir cubriendo la existencia del día a día, porque cuando inicias la jornada de trabajo no tienes la certeza de que volverás a sentir la luz del sol a la mañana siguiente".

Esa presión constante le obliga a buscar el equilibrio psicológico casi a diario, aunque se lamenta de que "este tipo de asistencia, para nosotros los privados, es imposible porque no la cubre el Ministerio del Interior".

Cada cual es sujeto y objeto de su propia terapia y, por lo tanto, explica Carlos, "ante esto no te queda otra que hacerte fuerte".

La convivencia con el miedo y con ese sabor singular que destila es algo que ya ha asumido después de años en el servicio: "Tienes que convivir con situaciones complejas y ante eso, mucha adrenalina, mucho nervio y una gran fortaleza psicológica. No puedes estar todos los días pensando que tú vas a ser el próximo blanco de los terroristas".

Carlos está familiarizado con lo que se llama "el síndrome del Norte", un estado que dice "se produce con mayor frecuencia en lo que se denominan zonas estratégicas, en el País Vasco, aunque menos en Navarra", pero lo cierto es que reconoce que el fenómeno está creciendo por el actual estado de cosas.

Protección

En los pocos días que lleva en Tenerife, y a raíz del revuelo que ha causado el proceso de ilegalización de Batasuna, señala que "ya han empezado a producirse altercados en los que se han visto involucrados compañeros míos que, afortunadamente, han podido salvar del linchamiento a sus protegidos".

La amenaza es general, se palpa en un ambiente denso, y por esa razón la protección se extiende a cualquier esfera, tanto a personajes públicos como a privados, "entre los que también se incluyen periodistas que están amenazados por ETA".

A su juicio "es coherente y hasta lógico que los diputados de Coalición Canaria en el Congreso de los Diputados dispongan de un servicio de escolta", porque en estos casos la prevención es clave.

"Nunca se puede bajar la guardia. ETA y su entorno nos están amenazando a todos y sus objetivos están bien definidos. Si lo manifiestan así es porque van a actuar, no me cabe la menor duda".

Una liturgia

La rutina de los movimientos se convierte en liturgia. De su ordenada aplicación depende la vida del escolta y de su protegido. "No hay que salir nunca a las mismas horas y siempre debes variar el itinerario, tanto si te desplazas a pie como si lo haces en un vehículo", explica Carlos.

Otra actitud ineludible es la de realizar una comprobación del terreno, a partir de lo que se denominan las contravigilancias, y cumplido este trámite centrarse en la tarea de la protección.

"Cada cual tiene moldeada a la persona que debe custodiar. Le sueles indicar unos parámetros básicos de conducta y los movimientos que debe realizar, pero hay quienes hacen caso omiso a las indicaciones y muestran una gran imprudencia, poniendo en peligro su vida y también las nuestras", censura Carlos, quien además se ha encontrado con personas que rechazan cualquier protección.

"No basta, por ejemplo, con comprobar el vehículo de la persona a la que debes ofrecer protección, sino también los vehículos de su entorno familiar", amén de tener que custodiarlo en su ambiente laboral y en cualquier actividad que desarrolle.

Determinados servicios se realizan en binomio, es decir, a través de un dispositivo montado por dos escoltas. "En estos casos se utiliza un vehículo que llamamos oficial. Pero la mayor parte de los escoltas privados hacemos nuestro trabajo en solitario, con lo que las cargas se duplican".

Con todo, Carlos quiere desmitificar esa idea que se ha instalado en la opinión pública y según la cual un escolta percibe un sueldo casi millonario: "Actualmente cobramos entre 2 mil y 2 mil seiscientos euros brutos (de 360 a 440 mil pesetas). De ahí hay que deducir la diferencia de Hacienda, más los gastos propios de alquiler, hipotecas, etc. El dinero que queda libre está entre los 480 y los 600 euros (80 a 100 mil pesetas). ¿Vale la pena jugarse la vida por ese dinero?".

Por eso es mucha la gente que está renunciando.

Un error dramático

El pasado mes de abril, un escolta privado era abatido por los disparos de varios agentes de la Guardia Civil en un error dramático y fatal. Era compañero de Carlos.

"Pienso que fue un error de coordinación entre ambas partes. No somos funcionarios, pero creo que por lo menos deberíamos conocer si se va a efectuar un operativo en una determinada zona. Mi compañero, lamentablemente, fue el que resultó malparado", dice.

Y la historia continúa. En las últimas fechas se han "evaporado" del País Vasco unas 400 personas que estaban bajo la condición de busca y captura. "Lo más lógico es que hayan ido a Francia o a los campos de entrenamiento en Colombia, bajo apoyo de las FARC", presume Carlos.

El terrorismo dispone de una gran infraestructura, de una amplia red de grupos de información y de apoyo, y ETA continúa utilizando el miedo y la coacción.