Criterios
DE DOMINGO A DOMINGO FRANCISCO AYALA

Vivir en la inseguridad


1/sep/02 21:07 PM
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NO DESCUBRO NADA nuevo cuando afirmo que estamos viviendo, en este país y en estos peñascos, una falta de seguridad jamás conocida. Recientemente, el Gobierno de la nación ha anunciado la puesta en marcha de una serie de medidas de carácter policial y reformas legales que pretenden terminar con la delincuencia galopante, antes de que los delincuentes acaben con todos nosotros. Por si fueran poco los chorizos y facinerosos de la cantera, estamos recibiendo, todos los días y todas las noches, esas incesantes oleadas de inmigrantes ilegales que dan al traste con el poco sosiego que nos queda. Y no puede acusarse a todos, pero como se dediquen a jeringar al ciudadano sólo la mitad de los que llegan, unos por necesidad y otros porque se los pide el cuerpo, aquí va a tenerse que hacer lo que en Caracas. La diferencia está en que, en la capital venezolana, sólo las zonas que allí llaman rojas, los ranchitos, son residencia y refugio de aquellos indeseables y aquí están por todas partes y aparecen cuando menos se les espera.

Pero hay algo igual o quizás más preocupante en este panorama. A uno no le dan un tirón, lo atracan o le desvalijan la casa todos los días, pero, en cambio, el ciudadano que sale a la carretera, en especial a la Autopista del Sur, está constantemente amenazado de muerte o de quedar inútil para toda la vida, por otra clase de delincuentes a los que nunca detienen ni llevan al juez, por lo menos para que les den la bendición, como hacen con los chorizos habituales con medio centenar de detenciones en las costillas. Estos andan sueltos a bordo de sus máquinas asesinas en potencia, lanzadas a ciento y un pico muy largo de kilómetros por hora.

He leído un estudio muy interesante, realizado por el Real Automóvil Club en las carreteras y en las calles de algunas ciudades españolas. Resulta que el 99 por ciento de los conductores sobrepasan la velocidad permitida en las vías. Pero, cuando se circula así, el que va más lento representa un peligro por no seguir el ritmo impuesto. Resulta, entonces, que hasta el que tiene intenciones de circular como manda la Ley, se ve obligado también a violarla. O sea, a delinquir.

Hace poco comenté en esta columna los peligros a que se expone el que se atreva a circular por las carreteras de Tenerife. Dije, y ahora lo repito, que ya no son los turismos ligeros y los utilitarios los que sobrepasan la velocidad permitida; ahora son también las guaguas, los camiones pesados y hasta los cisternas cargados de combustible. Causa risa - una risa amarga - leer en los periódicos y escuchar en radio y TV que, desde el 1 de agosto, se ha puesto en vigor en España el reformado Código de la Circulación, con medidas severísimas que llegan a la retirada de la licencia de conducir apenas se cometan dos o tres faltas que, comparadas con las que señalo, son poco más que enseñarle la lengua al conductor. Será en otra España, porque lo que es en ésta, ni notarse.

Claro que tampoco hay por aquí quien haga cumplir a los imcumplidores. No se puede esperar milagros de una o de dos parejas de guardias civiles de Tráfico en estas largas carreteras. Lo que hay que hacer es que, al igual que el Gobierno se propone incrementar las plantillas policiales en la calle, que también aumente la presencia de la Benemérita en las vías no urbanas.

DE DOMINGO A DOMINGO FRANCISCO AYALA