Tenerife

- Hipocresía política - Asuntos para no olvidar


1/sep/02 12:07 PM
Edición impresa

LAS NOTICIAS ÚLTIMAS sobre inmigración en Canarias son muy preocupantes, por no decir aterradoras. Estamos, lo escribíamos el miércoles pasado, desbordados y, lo que es peor, amenazados otra vez por enfermedades - la tuberculosis entre ellas - que habían sido erradicadas de España y de Canarias, y otras, como el cólera y el ébola que aparecerán de continuar esta situación. ¿Cómo ha sido posible que se haya llegado a este extremo?, y ¿a dónde vamos a parar? son las preguntas más corrientes que oímos diariamente. El miedo ya nos invade.

Sabemos por las informaciones de todas clases que este desbordamiento está pasando en muchos lugares del mundo y en la Península, en la parte del Estrecho y Canarias. Canarias, para qué insistir en recordarlo, es un territorio mínimo y limitado. No cabemos más. Cabe el turista que viene, se aloja, recorre las Islas y se marcha. Esto no lo cuestionamos, claro; al inmigrante irregular o regular, sí. Alejados de las simplezas en este aspecto tienen que actuar con rigor los responsables políticos y los responsables con mando, las autoridades. Sólo ellos, que voluntaria e interesadamente se ofrecieron para gobernar. La gente que sufre este problema no va a lanzarse a la calle para solucionarlo, porque no puede y sólo corresponde a las atribuciones que poseen los Gobiernos Autónomo y Central.

Hay que resolverlo ya, de una vez, así lo decimos, simple y fuertemente, por muchas razones que no vamos a exponer de harto conocidas. Comprendemos el sufrimiento de los que entran por nuestras costas, y elogiamos el trabajo de las Fuerzas de Seguridad que quieren controlarlos y ayudarlos, pero es que no hay cabida material, y no olvidemos que son grandes las diferencias de religión, cultura, lengua... - colores aparte - . Recordamos lo que todo el mundo sabe, que los peligros son muchos: pérdida de identidad; pérdida de puestos de trabajo, porque la mano de obra barata que ofrecen es tentadora; salud en peligro, repetimos; delincuencia hasta al aire libre y con sol; inseguridad que asusta, mejor, que espanta... Es una invasión. Algunos seráficos políticos dicen o emplean otras palabras para definir este fenómeno: que si avalancha, que si tromba, que si irrupción, que si desembarcos, que si oleadas. Pero es una invasión que ahora llega acompañada de la vanguardia de las embarazadas que crean derechos humanitarios y civiles por alumbramientos. Es una inequívoca invasión y así lo acepta el diccionario de la Real Academia de la Lengua.

¿Recuerdan los lectores cómo se escandalizaron algunas señorías y hasta pidieron su cabeza - señorías que no vamos a mencionar ahora - porque un respetable magistrado, don Manuel Alcaide, entonces y hoy Diputado del Común con todos los merecimientos del mundo, empleó esta palabra tan real y adecuada? ¿Y qué nos dicen ahora de la "invasión" de la isla de Lobos, del senador, muy respetable también, don Victoriano Ríos? ¡Qué hipocresía política!

*** *** ***

EL CENTRO DE INICIATIVAS Y TURISMO de Santa Cruz de Tenerife ha propuesto que el Teide sea Patrimonio de la Humanidad. Y no sólo el Pico, belleza única en el mundo, sino asimismo todo su entorno, su Parque, su territorio inigualable. También este punto fue desarrollado recientemente por nuestro periódico en el comentario de todos los días, y nada nuevo tenemos que añadir que no esté recogido en él. De todas formas, aunque Tenerife es una Isla preciosa, encantadora, primaveral, mundialmente conocida y de indudable éxito turístico, no hay que abandonarla y dejarla en manos de algunos cuantos desaprensivos que intentan y a veces logran empañar su prestigio, con vertederos de basuras, con saqueos de piedras, de bienes naturales.

Tenerife no necesita, porque está atestada de bellezas, campaña alguna de embellecimiento. Tenerife es de una belleza casi mágica que sobrecoge en algunos parajes. Sólo requiere que todas las autoridades, todos sus dirigentes políticos y los amantes Ayuntamientos sigan cuidándola, sigan teniéndola como un incomparable tesoro. Da mucha pena que, en ciertos recorridos, veamos basuras o estropicios que nada dicen en favor de la Isla ni de su gente.

HOY, OTRO ASUNTO para no olvidar. Estamos en el mes en que acaba el verano, un poco lejos aún del día en que físicamente empieza el otoño. Y creemos que debemos "refrescar" otra cuestión que no queremos silenciar: el uso y abuso de los fondos públicos, de los fondos que se constituyen con las contribuciones obligatorias hasta de los más humildes, de todos los isleños. Sobre este punto, insistimos en lo siguiente, en algo que se sabe de memoria: en los países muy democráticos y civilizados, los impuestos son sagrados y los que los ocultan o malversan o se los llevan a sus bolsillos son inexorablemente perseguidos por la Justicia, por la Policía, por la Hacienda con sus inspectores, y acaban en la cárcel. No los deja impune el politiqueo. ¿Por qué aquí no? ¿Por qué aquí no se hace lo mismo, que es lo justo y acertado y se deja abrir el campo para el cultivo de tantos despilfarros y hurtos, y nunca se sabe nada? ¿Qué ha pasado con los grandes expolios de Tindaya, del Icfem y otros "asuntos" menos sonados pero también multimillonarios? No entramos en la indignidad del "pelotazo", pero los electores deben conocer el destino de sus dineros y castigar, judicialmente, claro está, a los que hurtan el patrimonio de todos.

*** *** ***

NUESTRO LENGUAJE en este tiempo sigue siendo simple, el de la calle, para que se nos comprenda mejor, un lenguaje llano, una traducción del pensamiento que está ahí fuera. La retórica y la erudición a veces confunden y muchos asuntos oscuros no se entienden y se pierden. Y algunos se aprovechan y se ríen, además.