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La Laguna celebró con solemnidad el descendimiento y traslado del Cristo

La imagen se encuentra en la Concepción, donde se oficia el Quinario con predicación a cargo de Rodolfo Quezada, presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala.

EL DÍA, S/C de Tenerife
10/sep/02 5:27 AM
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La ciudad de La Laguna celebró ayer por la mañana uno de los actos más emotivos de las fiestas mayores de septiembre, como fue el descendimiento del Santísimo Cristo desde su hornacina en el altar mayor hasta una mesa - altar en la que se procedió al besapié de la venerada imagen.

El acto contó con la asistencia de varias autoridades, como la alcaldesa de La Laguna, Ana Oramas, y el esclavo mayor de la Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo, Juan José Miguel Pérez García.

La solemne celebración de la eucaristía fue presidida por el obispo de la Diócesis de Tenerife, Felipe Fernández García, y en el transcurso de la misma fueron bendecidas la medallas de la Esclavitud e impuestas a los nuevos esclavos: Manuel Jesús Yanes Hernández, José Carlos Mendoza Rivero, Mario Víctor Hernández Alberto, Manuel Francisco Suárez González, Miguel Ángel Suárez Ledesma, José Ángel Expósito Rodríguez, Cristóbal Ramón Abreut Bonilla, José Luis Cruz Pérez, José Iván Rodríguez Rodríguez y Álvaro Segovia Zamarro.

La función religiosa contó con la intervención de la Coral Polifónica del Círculo de Amistad XII de Enero, bajo la dirección de Salvador Rojas González.

Por la tarde, se celebró la procesión del traslado del Santísimo Cristo a la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción y no a la Catedral, por encontrarse en obras. El Crucificado moreno fue acompañado por los miembros de su Pontificia, Real y Venerable Esclavitud y numerosos fieles.

Ofrenda musical

A su paso por el Orfeón La Paz, el coro Cappela, invitado por dicha sociedad, cantó como es tradición a la sagrada imagen.

Ya en la Concepción comenzó el solemne Quinario, con la celebración de la misa y predicación a cargo de Rodolfo Quezada Toruño, arzobispo y presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala. En la función cantó el Coro Parroquial de la Concepción, dirigido por María Lourdes Díaz Herrera.

En el programa de actos de la Esclavitud, el obispo Felipe Fernández, tras evocar un escrito del Hermano Pedro titulado "Desde el nueve de enero me acompaña mi Jesús Nazareno. Año de 1655", destaca el siguiente mensaje: "Hoy, menos que ayer, no podemos ser cristianos sólo por herencia, por mera educación exterior, por inercia... Hoy sólo podremos ser y permanecer cristianos por experiencia. Porque, en algún momento, de alguna manera, nos hemos encontrado no sólo con una imagen - por muy hermosa que sea - ni con una mera tradición - por muy digna que parezca - ni con una costumbre - por muy arraigada que esté en el caminar de un pueblo - . Buena es la imagen, buena puede ser la tradición y buena puede ser la costumbre. Pero hoy, un esclavo verdadero - como un cristiano verdadero - sólo podrá serlo por experiencia. Porque en un momento determinado, y de alguna manera, se ha encontrado con Cristo mismo, con Cristo vivo. Resucitado. Que nos acompaña en el camino de nuestra vida como acompañó a los discípulos de Emaús".

Una imagen de todos

Por su parte, el Esclavo Mayor, Juan José Miguel Pérez García, se refiere a las "Fiestas del Cristo, Cristo lagunero, Cristo de todos, del pobre, del rico, de los débiles, de los fuertes, de los sanos, de los enfermos, de los que creen, de los que quieren creer, de todo aquel que con temor o sin él, se acercan a sus pies, de todos los miembros de su Esclavitud sin preferencias, los cuales debemos vivir comprometidos con él, sin esperar honores ni distinciones, ya que el ser esclavo debe estar unido a la más sincera humildad". Añade que "debemos pensar en el significado del verdadero espíritu cofrade y conseguir que esta Esclavitud sea ejemplo de caridad cristiana y ayuda social".

Por su parte, Francisco M. González Ferrera, superior - rector del Santuario del Santísimo Cristo de La Laguna, señala que el "mirlo sabe que el Crucificado lagunero ha entregado su vida en libertad y para la libertad, y proclama en su plaza que él es la imagen de Dios, que extiende sus brazos para decir a la humanidad que la libertad es soberanía y privilegio otorgado al hombre como señor de la creación".

El superior se refiere además a "una nueva invitación a vivir libres desde el fondo de nosotros, con una conciencia moral profunda, de quienes como nosotros, los cristianos, hemos sido rescatados con la sangre de la libertad, y queremos conquistar un equilibrio interior a través del entrenamiento en la fe, en la esperanza y en la caridad".