Santa Cruz de Tenerife
LO ÚLTIMO:
Muere un senderista tras sufrir un desvanecimiento en Granadilla leer
CIRIACO ARMAS

Sólo quedan los monumentos


14/sep/02 5:45 AM
Edición impresa
LAMENTO NO SER OPTIMISTA cuando aseguro, y ojalá me equivoque, que la fuerza integradora que mueve todas las instituciones que tienen que ver con la persona, con la asistencia a los cuerpos y a las almas, amengua y, a veces, tarde o temprano, acaba por desaparecer por sí misma, por falta de relevos, por carencia de vocaciones o por cualquier otra circunstancia, y sólo perduran los monumentos. Que la fe sostenga a los religiosos y a muchos que no lo son es cosa diferente. Pero, en esta época que estamos viviendo y en otras anteriores, la realidad ha dado y sigue dando fuertes zarpazos a la fe, sobre todo a aquellos que no tienen una fe suficientemente firme y sólida. Aquí mismo, sin salir de la Isla de Tenerife, donde los Hermanos de la Orden Hospitalaria se establecieron hace cincuenta y dos años y desde entonces vienen realizando la labor asistencial que tan bien saben hacer porque es la razón de vida que les marcó San Juan de Dios, hay un monumento que siempre estará en su sitio a menos que alguien mueva en el futuro la insensata picota y acabe con él, que desgraciadamente, muchos casos de éstos se han dado en el entorno insular. Aunque opino que hay otra forma de ir terminando, poco a poco o mucho a mucho, con los monumentos. Es la adición de casi siempre adefésicos añadidos o destrucción de parte de lo edificado sin respeto alguno a la línea arquitectónica que marca no sólo un inconfundible y estético estilo, sino una fidelidad absoluta a la misión a la que el inmueble estaba destinado.
Uno diría que, a veces, la genialidad del autor explica por sí misma el resultado, porque muchos creadores ven más allá de lo que vemos los demás. Pero he escrito varias veces que parece como si la mano de un santo tuviera que ver algo con las creaciones. Es el caso, y también lo he dicho con reiteración, de las Casas de San Juan de Dios que he visto en medio mundo; surgen sin medios y se levantan casi milagrosamente porque la solución a los más complejos problemas llega cuando menos se espera, pero siempre llega. Y el santo no se queda en esto. También debe guiar la mano y el talento creativo de los arquitectos y de todos los realizadores de la obra material de lo que, en definitiva, será el monumento, con todo su amplio y profundo significado.
En uno de los números de la revista "Juan Ciudad", que publica periódicamente la Provincia Bética de San Juan de Dios, se reproducen, juntas, dos fotografías de la Casa tinerfeña de la Orden Hospitalaria, cuyo arquitecto fue Don Enrique Rumeu de Armas. La distancia, en tiempo, entre una y otra se aproxima al medio siglo. La primera, muestra el edificio en un espacio descampado en el cual sólo aparece alguna edificación. La segunda deja ver el mismo inmueble, rodeado ya por urbanizaciones, calles, carreteras y espacios ajardinados. Nada que recuerde el entorno rústico y vacío del establecimiento. Pero hay más detalles, todos positivos, que señalar en las dos panorámicas. En la antigua, sólo la admirable y bella línea y la acertada y funcional disposición de los elementos del Hospital, perfectamente distribuidos en el espacio. En la moderna, unos complementos que se ajustan a las ideas del arquitecto, quien previó ampliaciones necesarias en la construcción, porque un hospital es prácticamente un ente en crecimiento continuo. El respeto a las líneas fundamentales del edificio se evidencia en las dos imágenes. Y ojalá siempre sea así.
CIRIACO ARMAS