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ANTONIO PASTOR *

La costa sureña


14/sep/02 19:18 PM
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SERPENTEANDO DE FORMA pausada, pero sin descanso, nuestra costa sureña, desde Los Gigantes a la Punta del Porís, nos acercamos más hacia la orilla con la tentación de tirar un lance, imaginando ver colgado del nailon la pieza que nos gustaría saborear. Sin pensar en el valor de la textura geológica que acaricia nuestros pies, durante el camino donde la policromía del paisaje se contrapone por su originalidad. Acantilados, rasas, arrecifes, playas de arena blanca y negra, algunas salpicadas de callaos, charquitos y veriles nos recuerdan cómo las Islas surgieron desde las profundidades del mar, cuyas lavas dieron forma hace más de cincuenta millones de años.
Entre los mares de lava reciente, damos un salto sorprendente a espacios en los que los colores dominantes son es el blanco, el amarillo o el ocre. Parajes tan exóticos e inexplicable como la Montaña Amarilla, en el municipio de San Miguel de Abona, se explican como consecuencia de la violenta interacción del magma y el océano hace millones de años. Producto de las llamadas erupciones hidrovolcánicas que fueron extraordinariamente explosivas.
En sus laderas marinas podremos extasiarnos con las infinitas tonalidades de estas raras lavas forjadas en agua. Texturas creadas por los cataclismos hidrogeológicos y aunque tengan en la distancia una apariencia similar no deben ser confundidas con los grandes depósitos de pómez que se cuartean al llegar al mar, formando esas amplias estructuras costeras de forma finamente erosionadas que, en ocasiones, dejan entrever la base del antiguo basalto originario de la Isla sobre el que se asientan.
Pero una forma realmente atractiva y singular de bañarse en la costa del Sur es hacerlo en los charcos de pleamar que se despliegan en todo el litoral. Lugares preferidos por nuestras madres, donde aprendían a nadar nuestros hijos con la renovación del agua de forma constante, formando piscinas naturales creadas exclusivamente por la mano de la geología.
Es probable que unos pocos recuerden estas peculiaridades tan nuestras del Sur de la Isla y también del Norte, pues la mayoría ha elegido la playa de arena blanca o de arena negra como las ubicadas frente a los núcleos turísticos, en vez de las playas agrestes arropadas por paisajes de puzolana esculpida por el viento o las minúsculas calas franqueadas por lava negra.
Qué pronto nos olvidamos de la infancia, de las sombrillas hechas con sábanas y cañas, de los calderos de papas, gofio y pescado salado que nos acompañaban, con las lonas y barranco abajo se agrupaba la familia en estas costas que vuelven a aflorar en la mente del isleño gracias al exquisito documento que nos relata la "Guía Descubre el Sur". Contenido que todo canario debe descubrir con la huella de su pasado.

* Secretario de AETSAMI

ANTONIO PASTOR *