Criterios
ALBERTO GRIÑÉN ACOSTA

¡Qué suerte ser "mujer" en el siglo XXI!


23/sep/02 21:08 PM
Edición impresa

ESTARÁN TOTALMENTE de acuerdo en que la mujer hoy, en el siglo XXI, disfruta, por fin, de unas condiciones de vida inmejorables. Según en qué ámbitos y culturas incluso se les sobremima y no hablo por hablar. Ejemplos, a cientos, pero me centraré en unos pocos. En algunas culturas orientales se les facilita una prenda el burka para protegerlas de un posible cáncer de piel. En otras se les práctica la ablación para que no tengan sensaciones incómodas a la hora de practicar el sexo, todo un detalle. Las culturas occidentales o del Primer Mundo, todavía van más allá; fíjense ustedes que en lo relativo a lo laboral se les permiten ciertas licencias con respecto a los varones y con buenas condiciones, no crean. Su jornada por lo general es como ese producto de tres en uno, primero acuden a su trabajo, segundo realizan las labores domesticas y para finalizar el día atienden a los niños ¡genial! Ah, sin olvidarnos el detalle de que, en la mayoría de casos, los empresarios les ayudan a mantener un presupuesto equilibrado, pagándoles menos salario - por el mismo trabajo que a un hombre - para que no derrochen en las compras, que suelen ser su debilidad y eso podría ser pecaminoso, qué religiosos; así da gusto. En cuanto al ámbito sanitario, no tendrán ustedes duda de la concienciación ecológica de nuestro Gobierno canario, pues les facilita la opción - directamente - de un parto natural, nada de epidurales ni paparruchas, que ya sabemos que los niños no vienen de París. ¡Caray es que se quejan de vicio! Atentos a la política, cada vez vemos más mujeres en puestos de responsabilidad, casi llegan a un... a un, yo qué sé, un cinco por ciento; no está nada mal y además mandan de verdad. ¡Huy!, donde sí han alcanzado un nivel impensable hace unos años, es en lo referente al matrimonio. Hoy tienen la posibilidad de elegir ellas al hombre de su vida, por aquello de sentirse seguras y protegidas y suele darles buen resultado. Lo malo es cuando tropiezan con alguno que anda medio bichado del quinto piso o posiblemente tenga algún capricho en su cabeza y entonces les ahorra - con mucha consideración por supuesto - el mantenimiento físico y les propina unos ejercicios desde casa que les ayudan a saber quién es el más fuerte y cómo se puede administrar esa fuerza, incluso les enseña técnicas de psicología sobre el miedo, la coacción...

Supongo que a estas alturas alguna mujer no habrá terminado de asimilar de qué lado estoy. Pues bien, no comprendo por qué ustedes tienen que tener un trato diferente con respecto a los machos. No comprendo por qué se necesitan leyes especiales para la mujer, entiendo que ello es ya una discriminación, una diferencia entre iguales que jamás debió darse. Ni la ONU, ni la Unión Europea, ni el Gobierno de la Nación deberían discriminar a la mujer como algo distinto. Miento, sólo existe un punto en el que sí son distintas a nosotros y necesitan un trato especialísimo. Ellas, por naturaleza divina, tienen el privilegio de engendrar nuevas vidas, el ser madres y eso nadie, ni nada se lo podrá arrebatar. Tengo la esperanza - y rezo - para que de una vez por todas, mujer y hombre podamos llegar a ser iguales sin necesidad de ninguna discriminación, ni abuso, ni marginación.

ALBERTO GRIÑÉN ACOSTA