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Langreo convierte el funeral del cabo Beiro en un homenaje a la Guardia Civil

Aznar, Acebes y Arenas presidieron el multitudinario oficio religioso en el pueblo natal del agente asturiano asesinado el martes en Leiza (Navarra) por los terroristas de ETA.

EFE, Sama de Langreo (Asturias)
26/sep/02 6:35 AM
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EFE, Sama de Langreo (Asturias)

Miles de personas despidieron ayer en su localidad natal de Sama de Langreo al guardia civil Juan Carlos Beiro, asesinado el martes por ETA, en presencia del presidente del Gobierno, José María Aznar, y entre aplausos, silencios y gritos de apoyo al Instituto Armado antes y después del funeral celebrado en la parroquia de la localidad.

La iglesia parroquial de Santiago Apóstol se quedó pequeña y varios miles de personas - ocho mil, según la Policía Local - se congregaron en el exterior del templo, en el que se dieron cita el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces; el ministro del Interior, Ángel Acebes; el secretario general del PP y ministro de Administraciones Públicas, Javier Arenas; el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, y el coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares.

El funeral, que se inició minutos antes de las seis de la tarde, fue oficiado por el arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, quien destacó en su homilía el "grito unánime" por la eliminación del terror.

"Desde este lugar de Asturias surge hoy un grito unánime a favor de la eliminación de todo método de terror y pedimos a ETA que desista en sus acciones criminales contra la vida y la libertad", dijo el prelado.

El féretro, que fue trasladado por la mañana desde Pamplona, fue recibido y despedido a las puertas del templo por varios miles de personas que aplaudieron y lanzaron "vivas" a la Guardia Civil.

Intensa emoción

Tras la ceremonia, el féretro fue introducido en el coche fúnebre por agentes de la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía, a través de un pasillo formado por una treintena de guardias, que cantaron el himno de la Benemérita en un ambiente de intensa emoción.

También estuvieron presentes el director general de la Guardia Civil, Santiago López Valdivielso; el secretario de Estado para la Seguridad, Ignacio Astarloa; el director general de la Policía, Agustín Díaz de Mera, y la delegada del Gobierno en Asturias, Mercedes Fernández, junto a otras autoridades. Al finalizar el funeral, Aznar entregó la bandera de España y el tricornio colocados sobre el féretro a la esposa del agente asesinado, que los mantuvo abrazados sobre su pecho hasta abandonar el templo.

Sobre las escaleras de la iglesia, el presidente del Gobierno y el resto de las autoridades permanecieron unos cinco minutos en silencio antes de que el coche con el féretro se pusiera en marcha con destino al tanatorio de Cabueñes, en Gijón, donde los restos mortales del guardia asesinado fueron incinerados en una ceremonia íntima.

Al finalizar el funeral, miles de personas se dirigieron hacia la plaza del Ayuntamiento para sumarse a una concentración de condena del atentado convocada por la corporación municipal.

Antes de guardar un minuto de silencio, el periodista José Enrique Mencía leyó un comunicado que afirmaba que, con el asesinato de Juan Carlos Beiro, un problema que parecía "lejano" a sus paisanos les había "estallado en las entrañas".

El manifiesto reflejaba el "asco" que los habitantes de la cuenca minera del Nalón, "que saben lo que es morir por la libertad", sienten por los terroristas que habían asesinado a un guardia civil "hijo de un albañil granadino que vino aquí a buscarse el pan".