Tenerife
EDITORIAL

No, a la dictadura ni al colonialismo sobre Tenerife


26/sep/02 12:07 PM
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APUNTEMOS EL 24 DE SEPTIEMBRE de 2002 para la peor historia, ciertamente desgraciada, de Tenerife, del Archipiélago. Vivimos horas graves en Nivaria, en la Capital. Anteayer, en Las Palmas, después de cuatro horas de conversaciones, el Gobierno del Estado siguió sin comprender que la solución al problema de las pateras no pasa por el traslado de indocumentados a esta Ciudad y a esta Isla y por la apertura de centros aquí. Eso no es remedio, ni solidaridad. Sí que será, de culminarse, flagrante ejercicio de dictadura y de colonialismo sobre nuestra Isla. Aberración que, estamos seguros, impedirán nuestras autoridades más cercanas, arropadas por la mayoría de los ciudadanos. Y por la razón, la amplitud de miras, el humanitarismo efectivo...

Tenemos que valorar los esfuerzos del alcalde santacrucero y del presidente tinerfeño, desplegados también el martes, con ocasión de reunirse los representantes de casi todas las Administraciones porque faltaba alguien de la Unión Europea. Ricardo Melchior y Miguel Zerolo trataron de aportar, en solitario, ideas y remedios plausibles. No parcheos centralistas, tardíos, improcedentes que, en lugar de encauzarlo, emponzoñarán el conflicto.

Por otro lado, lamentaremos la nefasta influencia que ejerce contra las propuestas tinerfeñas esa especie de "emperador" grancanario, J.M. Soria, lanzado, al parecer, con etiqueta «regional» electorera, a entrometerse en las Corporaciones, las empresas, etc., de aquí y para las que nadie le ha dado respaldo en las urnas. A él, no. Ni en pintura, mientras no demuestre ser solidario con esta tierra y sus gentes. Con las directas consecuencias que ya empezamos a sufrir por la «avalancha blanca» que llega por aeropuertos y puertos.

Tampoco entra en el ánimo de EL DÍA el soliviantar a nadie. O el responder a la insultante campaña, orquestada incluso en medios informativos peninsulares, de que los tinerfeños pecamos de insolidarios. Al Gabinete Aznar se le va de las manos el asunto, realmente complejo, y no es cosa de que arrostremos la sociedad isleña la imprevisión y el fracaso gubernamental, en este capítulo. Así que sobran las medidas dictatoriales y colonialistas, a las que nos opondremos con el pensamiento, la palabra reflexiva y con uñas y dientes si fuera preciso. Y falta el diálogo democrático, responsable, que hemos reclamado - hasta ahora en vano - y siempre propiciaremos. A pesar de los pesares.

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