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BUENOS DÍAS FLORILÁN

La cazadora de Felipe González


27/sep/02 21:08 PM
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¿RESULTA UN "HÁNDICAP" o un beneficio añadido el que una candidata para unas elecciones sea excesivamente guapa o físicamente atractiva, ahora que tanto se postulan las mujeres en política? Lo digo, porque según expresaba un periódico madrileño en su edición del domingo último, el PSOE ha mandado retirar un cartel de la candidata de dicho partido a la Alcaldía de Madrid, Trinidad Jiménez, porque se estimaba que ésta aparecía demasiado insinuante. No vi el cartel de referencia, y por lo tanto no puedo opinar sobre la insinuación, pero sí se decía que vestía una bella y llamativa chaqueta de cuero. El cartel ha sido sustituido por otro en que Trinidad Jiménez aparece con traje más convencional.

No sé en otro país, pero en España me temo que, como piensa el PSOE, no sea conveniente ni oportuno que una candidata aparezca sumamente atractiva o insinuante. Porque seguramente esa atracción iría en demérito de las excelentes condiciones políticas de ésta. Tenemos aquí dos argumentos que nos hacen pensar así: somos machistas, y enseguida se nos sale el Don Juan que llevamos dentro, o somos envidiosos, y nos molesta que una mujer triunfe no sólo por lo que sabe, sino también por sus encantos personales. Uno, que conoce al personal, se imagina ya de entrada, sobre todo si es de la oposición, diciéndole a la bella candidata: "¡Anda, hija, que estás mejor para llevarte a la discoteca o al botellón, que a ese departamento ministerial!". Se nos vuelve a aparecer de pronto la España de la pandereta o el piropo de rompe y rasga, y somos capaces de volver al comentario hortera de otros tiempos: "La tía esa, está más para llevarsela al huerto, que a una Alcaldía".

No le seguí la pista a aquella célebre Ciciolina italiana que ganó las elecciones de su país en "topless" y accedió al Parlamento no sólo por sus votos, sino también por sus protuberancias mamarias, pero seguramente que no ha llegado a más en política y que habrá sido abandonada por los electores apenas se le desinflaron sus insinuantes bombonas. Porque aquello seguramente fue sólo una broma de unos italianos cachondos. Uno piensa que en política lo mejor es entrar por el camino de la humildad y presentarse pobre y mal vestido. Recuerden que Felipe González, que vestía buenos ternos en los actos oficiales, tenía después para los mítines y las elecciones una chaquetilla o cazadora raída y llena de polvo, seguramente la misma que llevó a Suresnes, con la que se presentaba al público y barría. Aznar también la usa, pero se la ve flamante y como acabada de planchar.
BUENOS DÍAS FLORILÁN