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EL NIDO DEL BRASERO CARPANTÍN

Ventresca de bonito


27/sep/02 6:39 AM
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EN ESTOS ÚLTIMOS días del verano, no podía dejar la oportunidad de buscar un buen fogón donde trabajaran una buena ventresca de bonito, que alcanza su esplendor en el calendario precisamente ahora.

Como saben, la ventresca del atún y del bonito son la parte gastronómica más codiciada y sabrosa de este animalito, que, junto a las célebres cocochas de merluza y a los sesos del besugo, forman parte del ritual especializado de los iniciados de la gastronomía.

En algunos puntos de España son denominados como chuletones de mar debido a su parecido físico (de vaca la de atún, de ternera la de bonito) y por la forma de cocinarse, siempre grueso y sangrante en el interior, aunque con un golpe de horno para calentarlo.

En este caso, encontramos un buen trozo de bonito, levemente enharinado y frito con láminas de jengibre, y calentado al horno con unas gotas de soja, sin más acompañamiento que la decoración del plato y destacando la conjunción del sabor picante y alimonado del jengibre, el punzante de la soja y la grada del túnico, que le dan un carácter delicadamente armónico.

Ciertamente, vale la pena ensayar distintas preparaciones con este producto, pues se pueden empanar, presentar crudo a modo de ceviche o carpaccio, en cazuela con mejillones y cebolla, combinando sabores marinos y dulces, entre otros.

Un buen festín marino que no necesita de la alta cocina para sacarle todo su jugo.

EL NIDO DEL BRASERO CARPANTÍN