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Dos veces ABANDONADOS

Tres jóvenes que han pasado parte de su vida en los centros de acogida de menores en La Palma critican su deterioro y cómo se les ha dejado en la calle a su suerte.

P. ALEMANY/J.L. DÍAZ, Tenerife.
29/sep/02 6:51 AM
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Julia (nombre supuesto) habla con seguridad. Su aplomo llama la atención desde el primer momento, desde que pasa por el umbral de la puerta y se sienta dispuesta a conversar. Tiene 21 años, un trabajo estable, comparte su vida con un chico y confiesa que es feliz. Lo dice con una gran sonrisa dibujada en los labios, como apercibiéndose en ese preciso instante de que su suerte ha cambiado y de que la vida, por fin, le es digerible. En parte por eso quiere hablar, quiere contar cosas de su pasado y quiere que otros menores, que luchan por llegar al final del día en centros de acogida, tengan, al menos, una oportunidad para agarrarse a la vida. Y quiere denunciar el deterioro de la red de centros de acogida de menores de La Palma, con competencia del Cabildo, donde ha estado ingresada desde los cuatro años.

Ahora vive en Tenerife y su llegada a la Isla sentó un precedente para varios muchachos a los que prácticamente se les arrojó de los centros sin el menor miramiento, a los que se dejó tirados, sin familia, sin trabajo y abocados a deambular por los callejones de la marginalidad.

Todos fueron directamente a tocar la misma puerta en La Laguna, la sede de Teberite, la ONG que durante dos años y hasta 2000 gestionó la red. Aquélla para la que tienen buenas palabras, quizás las mejores que pronunciaron nunca sobre alguien o algo.

Julia dejó el piso tutelado hace un año: "Tengo una hermana mayor que aún está allí, en La Palma, y las cosas no van nada bien; ahora mismo están cocinando con un camping gas, la casa está en muy malas condiciones y se nota que los educadores sólo tienen interés en llegar, cobrar y marcharse". Lo dice quien, de adolescente y cuando el piso estaba gestionado por una ONG de ámbito nacional, Mensajeros de la Paz, tuvo que cuidar de hasta siete personas. "Aparte de ir al colegio, tenía que hacer la comida, servirla y estar atenta a una hermana que tengo con diabetes por si había que llevarla al médico: simplemente por allí no aparecían los educadores. A los 16 años empecé a trabajar, gané mi primer sueldo y no me lo pude gastar en mí, sino que tuve que cuidar de los menores que estaban conmigo en el piso".

Eran momentos muy duros, que se han vuelto a repetir desde el año 2000. Los educadores, según el testimonio de Julia, presionan a los muchachos mayores de edad para que abandonen los pisos; les dicen que están quitando una plaza a un menor, aunque legalmente los acogidos tienen derecho a pasar a ese piso.

Este último es el caso de David (también nombre supuesto), quien ingresó en los centros desde su nacionamiento. Ahora también está en Tenerife.

Así relata sus últimos días en el centro: "Un día llegó alguien de la unidad de menores del Cabildo y me dice que mañana mismo tienes que buscar trabajo o te vas del piso; me fui a casa del viejo y estuve dos meses, conseguí trabajo en una fábrica de plátanos, cargando piñas... y al mes, cuando me fueron a pagar, eran unas 140 mil (pesetas) resulta que el viejo me mamó todo el dinero. Tuve una charla con él para ver por qué había hecho eso, era un borracho del carajo, me echó de la casa, quise entrar al piso otra vez y me dijeron que no. Fui a pedir una ayuda al Ayuntamiento (de Santa Cruz de La Palma) y me dijeron que no, que era cosa del Cabildo; fui al Cabildo y me dijeron que tampoco. A partir de ese momento, David estuvo otros dos meses tirado en la calle, durmiendo en la playa con una manta que sus hermanas, residentes en los pisos, le pasaban a escondidas, al igual que la comida. David salió de esa guisa de una red oficial de centros que se supone están para tutelar a los menores y "devolverlos" a las calles con algo de preparación y, desde luego, cuando tengan recursos para mantenerse por sí mismos, ya que adolecen de cualquier apoyo familiar. Me preocupa mi hermana Después de la salida de Teberite, David asegura que empezaron a darse muchos problemas. "Faltaba comida, pasábamos hambre, nos daban 15 mil pesetas a la semana y éramos seis personas". Este joven, mayor de edad, teme por su hermana, también ingresada: "Si la echan, no sabe adónde ir, mi viejo es alcohólico, ha estado en el talego y a mí lo que me preocupa es eso". David también acabó en Tenerife, donde consiguió un trabajo, no sin antes recuperarse durante dos meses de una pérdida de 14 kilos de peso. El trabajo, en una obra, se acabó y ahora está pendiente de tres o cuatro ofertas laborales. Algunos de los trabajadores que había contratado inicialmente Teberite para gestionar la red siguen ahora en los centros una vez que ésta abandonó el programa. Trabajan en una nueva entidad creada ex profeso y a la que el Cabildo adjudicó la red de pisos tutelados. De acuerdo con el testimonio de los jóvenes, las normas ahora se han relajado y prácticamente no existe control sobre la asistencia al colegio ni se cumplen las condiciones adecuadas en cuanto a la distribución de dinero para las comidas, además de otros problemas relacionados con el seguimiento personal, médico o psicológico, de los muchachos acogidos. Oliver tiene 20 años y lleva siete meses en Tenerife, después de que le "invitaran" a dejar el piso tutelado. Es otro ejemplo de esta triste diáspora. "Llegó un momento en que me dijeron que me tenía que ir, que me iban a dejar cinco días en una pensión y luego que me buscara la vida". Cogió el dinero que tenía ahorrado (los jóvenes que están en centros de acogida reciben directamente las cantidades de la Seguridad Social que en condiciones normales recibirían los padres y que van acumulando durante su estancia) y pudo viajar a Tenerife, donde también fue a parar a la sede de Teberite. Ha conseguido trabajo en la construcción, lo que parece puede ser el inicio de una nueva etapa en su vida, después de la errática y conflictiva estancia en los pisos. "De joven yo hacía mis ruindades y me fugaba, cuando vino Teberite al principio yo tuve problemas con ellos porque denunciaban las fugas, pero la verdad es que la cosa cambió mucho con ellos". Buscar jaleo Oliver asegura también que durante esa etapa una asistente externa a la ONG le dijo que tenía que denunciar a Teberite: "Querían buscar jaleo para echarlos de allí". Los tres jóvenes, al igual que otros dos que viven ahora mismo en Sevilla, intentan rehacer su vida fuera de las paredes de los centros de acogida, algo que si han conseguido hacer es porque alguien les volvió a abrir una puerta que en La Palma cerraron a patadas. EL DÍA intentó reiteradamente, y sin éxito, ponerse en contacto con el consejero de Asuntos Sociales de La Palma, Manuel Pérez Rocha, quien se encontraba en el X Congreso Regional del Partido Popular que se celebra en Las Palmas.