Tenerife Norte
VALLE DE TAORO EVARISTO FUENTES

El Bernabéu, Los Cuartos, Los Príncipes y El Peñón


3/oct/02 18:29 PM
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"ESTOY JUNTO a la Torre B, repito, la Torre B, frente a la calle Concha Espina ¿de acuerdo?".

Esta frase, dicha desde mi móvil, fue como un aviso tipo maniobras de la mili, obligatoria para los mozos de mi generación. Pero no fue captada por el móvil que portaban mis dos amigos. Ellos no estaban en la onda, sino en la honda encrucijada del metro de Madrid. Una hora y media antes del partido (Madrid-Genk, de la Champions, 25-S) lo habían agarrado en la Puerta del Sol, donde está el reloj más famoso de España, del que la tele, cada fin de año, jamás acierta a retransmitir correctamente las campanadas de las doce uvas. Para gente de pueblo como nosotros, coger el metro, con tanta escalera rodante y tanta flecha "pacá y pallá", es como un difícil laberinto. Además, uno de mis amigos vive en el Puerto a cien metros del Peñón (que, ¡por fin!, va a tener césped artificial), y si quiere ir al fútbol sólo tiene que andar un poco por superficie y sanseacabó.

Pero dio la puñetera casualidad de que la línea del metro que pasa bajo el Bernabéu está en obras y tuvieron que dar un gran rodeo bajo tierra, en el susodicho metro. Llegaron al estadio, junto a la Torre B, donde yo les esperaba, con mucho retraso. Yo, que me hospedé más cerca, me encargué de comprar las entradas. Quedé gratamente sorprendido, pues una entrada de tribuna alta cubierta, para la Champions, es casi más barata que la de la final veraniega del Trofeo Teide.

Lo malo fue que mis dos amigos ya venían reventados con tanta prisa y tanto metro, y me echaron los perros al ver que teníamos que subir el equivalente a un edificio de ocho o diez plantas para llegar a nuestro asiento numerado. Entonces comprendí por qué la entrada era tan barata... Desde allá arriba, es casi como ver sin prismáticos un partido de Los Cuartos desde Pino Alto, o uno de Los Príncipes desde La Corona. No distinguíamos bien a los jugadores del Real Madrid. El crack brasileño, Roberto Carlos, parecía rubio bajo tanto foco; y nos enteramos de que jugaba Celades, que antes fue del Barça, cuando marcó su gol bien entrada la segunda parte. Así que, imagínense ustedes a qué altura estábamos. De "vértigo", como aquella película de Hitchcock.

Para colmo de males, he de confesar que no soy del Real Madrid, pero mis dos amigos, sí. Por lo tanto, en el caso hipotético de que el Genk belga marcase, yo, por cortesía más que por otra cosa, tendría que disimular mis alegrías guardándolas internamente. Debía procurar que no me pasara lo que le pasó hace años a un árbitro orotavense, que arbitraba en Los Príncipes un Realejos-Orotava, y cuando marcó el Orotava no pudo contenerse y dio un brinco de alegría. Pero esto no ocurrió, pues los belgas eran tan flojos que terminaron recibiendo 6-0, y hubo motivos para que un hincha del Madrid, cerca de nosotros, dada la inmovilidad del cancerbero blanco, le gritara con cierta mala uva: "¡Casillas, eres una lápida!". Claro está, que a tan lejana portería no llegó ni el eco.

Al regreso a Tenerife me encontré en Barajas con la señora Doña Teresa Rivero, "presi" del Rayo Vallecano. Me dirigí a ella y le pregunté que cuándo iba a volver a La Orotava, donde estuvo hace un par de años en aquel inolvidable partido nocturno de la Copa del Rey. Ella me contestó cortésmente que "cuando quiera el Orotava podemos concertar un partido amistoso". Ahí queda este mensaje, para que la directiva de los "copos de nieve" se mueva...

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