Tenerife Sur
DOMINGO CHICO

Con María Mérida en el corazón


4/oct/02 19:19 PM
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HAY MOMENTOS en los que el amor aflora alcanzando a todo un pueblo. Es lo que sucedió en Güímar el día veinte de septiembre en el marco de un homenaje que, cálido y lucido, acabó llenando de color y de fe a un público en multitud, que tuvo un desarrollo sereno y hondo en favor de una persona que, con su canto y su saber estar, ha deleitado a las Islas, ceñida siempre a nuestro folclore, ilusión y credo para todos los que afortunadamente formamos región bajo un sentido de carácter histórico.

La homenajeada fue esta vez nuestra muy querida María Mérida, reina del armonioso y sugestivo canto que en Canarias es y ha sido siempre la singular y feliz circunstancia que nos llena el alma, apagando todo lo negativo que nos hiere a veces. María Mérida, afincada en Madrid, nos visita cada verano vacacional. Y para un descanso tranquilo eligió un día El Socorro güimarero, con su luz marina y su paz serena, principio y fin de toda causa que tiene al descanso como un elemento reparador ante el trajín de la vida. Y al elegir Chimisay para reposo fue sabia nuestra diva, al tiempo que a nosotros los güimareros nos ha hecho gozar con su presencia.

Nuestro Ayuntamiento, siempre al tanto de lo que en honores merecen las personas que por diversas circunstancias nos han dado prestigio y razón de sano orgullo, quiso otorgarle a la ilustre viajera una distinción espiritual, exaltando con un acto amoroso sus virtudes en el canto isleño, contribuyendo así en parte al menos a darle a esta singular mujer el distinguido acogimiento que le corresponde como la persona que es y lo que representa en el arte que cultiva.

Abrió el acto el concejal de Cultura, Don Javier Eloy, bajo un rosario de luces. Sus palabras con un auroral acento predisponían, constituyendo su interesante charla un preciado momento que el público asistente aplaudió con ganas. Le siguió en la palabra Don Juan Manuel Pérez, que trazó con claro juicio una bien pormenorizada semblanza de la homenajeada, dejando al descubierto la vida y obra de nuestra ilustre invitada, por lo que fue largamente aplaudido. Mi intervención vino luego, breve pero encendida, dada la vieja amistad que a ella me ha unido siempre. Pero fue después, rayando lo apoteósico, cuando llegó el ansiado momento en el que nuestro alcalde le ofrecía como recuerdo una preciosa placa con sentida leyenda, y el teniente de alcalde un gran ramo de flores que María Mérida recogió con verdadera fruición y talante alegre. El resto lo marcó la música y la copla. Los Amigos del Arte, con guitarras y laúdes, hicieron el milagro, mientras María Mérida, mezclando mimo y ternura llenaba la sala con una voz casi divina que a todos nos llegó rebotando de corazón en corazón. Lo canario en el instante cobraba frescura dándonos felicidad.

Al final, el numeroso público, puesto en pie, premiaba a su ídolo con una salva de aplausos que casi no termina. La voz y el genio artístico de esta diva canaria todavía nos resuena.

María: escucha nuestro grito apasionado: ¡vuelve!

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