Hasta finales de los setenta, el campo de Don Pelayo, situado enfrente del actual Centro de Salud de Tomé Cano, el popular Ambulatorio, fue escenario de multitud de partidos de fútbol, pero, fundamentalmente, un punto fijo de reunión cada fin de semana para los amantes de este deporte y, sobre todo, de la cantera tinerfeña. Eran años en los que sobraban los terrenos donde poder practicar el balompié, pero, de manera organizada y federada, el de Don Pelayo fue un recinto pionero. Tomó el nombre del propietario que cedió el solar para construir el campo y por allí pasó la flor y nata del fútbol tinerfeño. Un mal entendido progreso acabó con este foco de salud que no ha sido todavía sustituido ni en el aspecto deportivo ni, sobre todo, en el sentir del pueblo santacrucero. Proliferan en la Capital campos y estadios que ahora son de césped artificial y recintos deportivos de primer nivel, pero el recuerdo del campo Don Pelayo se mantiene vivo por todo lo que representó en el corazón de muchos chicharreros, "futboleros" o no.
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