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Liberación sangrienta

Fuerzas especiales rusas asaltaron el teatro y liberaron a los secuestrados. La operación se saldó con la muerte de más de 90 rehenes y la eliminación del comando terrorista.

27/oct/02 14:09 PM
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Putin pide perdón por no salvar a todos los rehenes

El presidente ruso, Vladimir Putin, pidió ayer perdón por "no haber podido salvar a todo el mundo", en declaraciones a la Prensa rusa, en las que también señaló que la resolución de la crisis "prueba que no se puede poner a Rusia de rodillas". "Esta mañana se ha organizado una operación de liberación de los rehenes, hemos logrado hacer casi lo imposible, salvar la vida de cientos y cientos de personas", explicó Putin. El presidente ruso señaló que Rusia, con esta operación, ha probado "que no se puede poner a Rusia de rodillas", en un muy breve discurso televisado a la nación. Putin recibió elogios de todos los líderes políticos, incluso de los más críticos. Por primera vez, Andréi Cherkisov, un periodista de la radio "Eco" de Moscú, autor de mordaces comentarios contra el primer mandatario del país, dijo ayer que ahora se merece ser llamado presidente "con mayúsculas".

COLPISA, Moscú

Después de 58 horas angustiosas y antes de que se cumpliera el plazo del ultimátum dado por los terroristas, a partir del cual se proponían comenzar a ejecutar a los rehenes, varias unidades de fuerzas especiales de la policía, del FSB (antiguo KGB) y del Ejército irrumpieron poco después de las 5:30 de la mañana (tres horas menos en Canarias) de ayer, en el interior del teatro Dubrovka de Moscú.

La operación, durante la que fue utilizado un gas especial paralizante, se prolongó por espacio de unos veinte minutos, tras la cual, si son ciertas las cifras oficiales, fueron liberadas unas 750 personas aunque ha habido que lamentar la muerte de más de 90 secuestrados. Todos los terroristas perecieron durante el asalto, a excepción de un hombre y una mujer, que fueron detenidos.

El comando checheno no logró hacer estallar las cargas explosivas que habían sido colocadas por todo el edificio, cuyo número superaba la treintena. Hasta el momento, no se han facilitado cifras de bajas de las fuerzas policiales.

Movsar Baráyev, el jefe del grupo terrorista, cuyo cadáver fue mostrado por todos los canales de televisión rusos, anunció el viernes que sus hombres empezarían a matar a los secuestrados a partir de las 6 de la mañana de ayer.

Pese a que la intervención armada para liberar a los rehenes comenzó media hora antes del final del ultimátum, algunos testigos y responsables policiales aseguraron que los terroristas habían ejecutado ya a dos jóvenes. Según Pável Kudriátsev, portavoz del Ministerio del Interior, el resto de los rehenes, presos del pánico, intentaron huir y algunos fueron alcanzados por las balas de los secuestradores. Fue en ese momento, manifestó Kudriátsev, cuando se decidió iniciar la operación de asalto.

Momento idóneo

Sin embargo, todo parece indicar que las fuerzas rusas tenían previsto de antemano lanzar el ataque y utilizaron el momento más idóneo para sorprender a los terroristas, muchos de los cuales dormían ya antes de que empezara el tiroteo. Antes de penetrar en el teatro, las unidades de choque rusas "Alpha", "Vímpel" y "SOBR" abrieron varios boquetes en la pared del edificio e introdujeron el gas psicotrópico a través del conducto de ventilación. En el momento del asalto lanzaron además varias granadas "Flashbang" que, debido al enorme ruido que provocan y a la fuerte luz que emiten, aturden completamente a cualquier ser humano que se encuentre en su proximidad. Muchas de las mujeres que formaban parte del grupo terrorista, vestidas de negro, con el rostro cubierto por el chador y forradas literalmente de explosivo, murieron sentadas en el patio de butacas.

Parece que la mayoría de las muertes entre los secuestrados fueron debidas a heridas de bala. El Ministerio del Interior ruso aseguró que nadie murió como consecuencia del gas paralizante. No obstante, fuentes médicas del Hospital número 13 de Moscú reconocieron que la gravedad de muchos de los ingresados se debía precisamente a los efectos del gas, utilizado, según la policía, por primera vez.

Vómitos, dificultades respiratorias y una fuerte irritación en la garganta eran los síntomas de quienes inhalaron dosis excesivas de gas.