EL OLVIDO ES UN AVEZADO JINETE de la ingratitud. Un pueblo agradecido no puede olvidar los favores recibidos, la entrega vocacional sin condiciones, la abnegación siempre oculta en la modestia que avaló la trayectoria profesional del ejemplar pediatra.
Sus desvelos por los pequeños pacientes y la lucha tenaz, agotadora, angustiosa para evitar el «hospitalicidio» como certeramente escribía Manuel Herrera en este periódico (El Día, 25-IX-02) quizá no sea conocido por mucha gente, pero somos conscientes que en ello le fue la vida y la salud.
Y no se piense que se trata del clásico panegírico al fallecido, pues siempre reconocí la inmensa valía de su lucha en defensa del Hospital de Niños (Fundación Guigou). Sirva de ejemplo, del reconocimiento en vida, el párrafo que entresaco de un escrito mío publicado en El Día del 15-V-01, con motivo del centenario del Hospitalito de Niños y que decía: «Y no puedo terminar este comentario, porque me parece de estricta justicia, sin mencionar la ímproba labor que en los últimos años de agónica existencia (y en lo de agónica incluyo el concepto unamuniano de lucha), realizó la Junta de Damas de la Asociación Caritativa de la Infancia, de su presidenta doña Mercedes Estarriol de Vidal, de Pepe Maldonado, debatiéndose ya entre la vida y la muerte, del administrador Rosendo Díaz y del Dr. Jaime Chaves que luchó como un titán porque el Hospitalito no desapareciera como tal. Esta lucha la ha proseguido incluso después de su jubilación como director del centro».
No vi en sus exequias representanción oficial de entidades locales más o menos significativas, pero sí percibí la enorme adhesión popular. Como con exquisita sensibilidad escribió Florilán, ese gran maestro del periodismo, observador y certero comentarista de lo cotidiano, «en este caso el sentimiento no viene de arriba, sino de abajo. Es como un rumor, como el olor ése que nos llega de las flores cuando cruzamos un camino, un sentimiento natural y espontáneo que brota del corazón y de la gratitud de tantas madres».
La Asociación para la Defensa Sanitaria Infantil Diferenciada (ADASID), una especie de relevo generacional en la defensa del niño y que encabezan con enorme entuiasmo dos extraordinarias mujeres, Elsa Broock y Ana Gutiérrez, están ilusionadas, volcadas en conseguir la nominación de una calle santacrucera con el nombre de Dr. Jaime Chaves. Yo me atrevo a pedir todo el apoyo para ellas, tanto de parte de las entidades oficiales, sanitarias y de otra índole, como sociales, deportivas, escolares, profesionales, etc., para con su adhesión a esta petición conseguir tan merecido homenaje.
No debemos olvidar que, honrando la memoria de una persona tan excepcional como Jaime Chaves, se honraría igualmente nuestra Corporación Municipal. Que no hagamos los chicharreros realidad la frase del clásico: «El tiempo, gigante de ingratitud, lleva a la espalda un saco donde mete limosnas para el olvido».
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