SE PERFILAN unas Directrices de Ordenación General y del Turismo y se produce la dispersión de criterios más inesperadas. El pueblo canario no desea crecer más turísticamente, pues prefiere el crecimiento cero. Proteger y potenciar la sostenibilidad hasta al menos en cinco años.
Pero el presidente de la Cámara de Comercio de Las Palmas ridiculiza la voluntad de toda una sociedad, la nuestra, sin decir a quiénes protege o qué intereses defiende y que parecen estar en contra de la protección y sostenibilidad turística en Canarias. Una solución pasa por ralentizar la maduración de los nuevos proyectos en vez de acelerarlos. Lo contrario, al provocar el exceso de oferta, colapsará y empobrecerá al subsector turístico de Gran Canaria y si no arriésguese, si lo dejan claro.
Canarias, rebasando el límite del medio siglo con una considerable experiencia en el sector hotelero y turístico, ha sentido en su sangre cómo el subsector turístico y desde la cúpula es manejado como si del juego del monopolio se tratara.
Inmersos en plena crisis turística de principio de los noventa, pocos fuimos los que salimos a la luz denunciando las posibles repercusiones habidas en las pasadas crisis, inyectando nuevas formas de actuación e innovación con nuestras ideas y experiencias, tal vez con demasiada contundencia, pero con un solo fin, orientar a los políticos y empresarios en la dirección que modestamente pensábamos deberían seguir.
Luciano Lemus, quien a través de su pluma plasmaba su valioso criterio como en una radiografía, desvelando en su artículo de domingo a domingo en EL DÍA con: "Canarias, refugio seguro para el turismo europeo"; o "Turismo el negocio de los noventa" allá el dos de abril del noventa y uno, también en los medios, entre otros, anunciaron las repercusiones e iniciativas a poner en marcha como consecuencia de la guerra del Golfo Pérsico.
Como contra punto, Canarias destacaba como la comunidad más inflacionista, aumentando el Índice de Precios al Consumo en 1,9 por ciento en el mes de enero del mismo año noventa y uno. sigue el crecimiento turístico y como por arte de magia se olvidaron a su paso de las infraestructuras de obligada necesidad. Pues también para esto ¡es tarde ya! Mejor es parar.
A nadie se le escapa que se prevé un desajuste entre la oferta de alojamiento que se encuentra en una situación de expansión, en perjuicio de las existentes, con la proyección de las nuevas camas autorizadas. Y la demanda de estas camas, cuyo crecimiento se está ralentizando progresivamente. La consecuencia de este desajuste entre oferta y demanda será la guerra de precios para incrementar los índices de ocupación. Esto repercutirá en la calidad del servicio y en la rentabilidad de los hoteles. Pero, ¿cuántas camas sobrarán en los próximos tres años y en qué las van a utilizar? Si la demanda de turistas se reduce... ¿qué pasará?
* De ACPET
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