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ENRIQUE GONZÁLEZ GONZÁLEZCARDIÓLOGO Y ESCRITOR

"Antes no se moría nadie en Tenerife sin contar conmigo"

A sus 75 años, el cardiólogo y escritor tinerfeño ofrece en esta entrevista su particular y acertada visión sobre el cambio experimentado por la profesión médica, la sociedad actual y quienes la gobiernan desde las instituciones y los partidos políticos.

GLADYS PAGÉS, S/C de Tenerife
3/nov/02 19:43 PM
Edición impresa

Hay personas que no necesitan presentación porque con pronunciar su nombre basta para comprender que sobran cargos, méritos y distinciones que justifiquen su preeminencia. Enrique González González goza de este privilegio, ganado a pulso tras media vida dedicada al ejercicio de la medicina y con muchos otoños leyendo entre líneas de los cientos de volúmenes que empapelan sus cinco bibliotecas.

En la intimidad de su despacho de La Laguna transcurrió, el martes, más de una hora de conversación, en la que Enrique González dejó aflorar certeras reflexiones, muchas de las cuales han quedado escritas en sus colaboraciones periodísticas o en alguno de los trece libros que componen su bibliografía.

- ¿Qué quiere saber de mí? ¿Por qué soy médico, por ejemplo? - me interpeló nada más pulsar los botones rec - play de la grabadora - .

- Pues sí, ¿desde cuándo lo es?

- Desde 1951. Cursé los estudios en la Facultad de Medicina de Cádiz.

- Una facultad a la que han acudido muchos canarios.

- En aquella época se pasaba hambre y la familia nos mandaba cada quince días paquetes con un poco de gofio, mantequilla, leche condensada, papitas... en los barcos de Trasmediterránea.

- Entonces, escogió Cádiz precisamente por la facilidad para proveerse de alimentos en una época en la que las condiciones de vida eran muy duras.

- No había luz. La robábamos de unos cables de la calle para poder estudiar. Lo cierto es que cursé Medicina por un error en el examen de Estado. Yo era un joven que me divertía estudiando y mi Bachillerato estuvo lleno de matrículas y sobresalientes. Iba dispuesto a cursar la carrera de ingeniero, pero primero tenía que superar un examen de Estado en el que pensaba sacar una nota excelente. Para mi sorpresa me preguntaron cosas sencillísimas, tan sencillas que no pude demostrar todo lo que había estudiado. Me dieron un aprobado simple y creí que estaba incapacitado para presentarme a un examen de ingreso para ser ingeniero y, excluyendo carreras, estudié Medicina sin vocación y sin antecedentes familiares.

- ¿Cómo es que respondiendo bien a todas las preguntas no obtuvo más que un aprobado?

- Porque los profesores no me preguntaron para que sacara grandes notas.

- ¿Qué opina, pues, de los exámenes de reválida?

- La reválida tiene de injusta que un buen estudiante puede llegar a sacar malas notas. Los compañeros míos que se copiaban los exámenes tuvieron mejores calificaciones que yo. Pero, bendita reválida. Creo que todo lo que sea exigirle a los estudiantes es bueno.

- ¿Cuándo comenzó a sentir atracción por la medicina?

- Al principio me costó un poco.

Enrique González se enfrascó en el relato de una anécdota de estudiante, en la que sacó un dos en Anatomía y fue objeto de burlas por el profesor, lo que casi provoca su regreso a Tenerife para regentar una ferretería. Cuando supo que aquella calificación era la máxima nota posible de obtener con aquel profesor, un hueso duro de roer que solía puntuar con un 0,1 ó 0,2, retomó con brillantez los estudios de la carrera.

Especialista

- Tuve la mala suerte de contraer en los últimos años la enfermedad de la tuberculosis, y decidí hacer sólamente tuberculosis. Quería llegar a ser una autoridad en tuberculosis. Después de pedir una beca para el mejor centro de España, el de Valdesillas, recibí una carta del director del sanatorio antituberculoso de Ofra, Tomás Cerviá, en la que me decía que viniera a la Isla a aprender lo fundamental y que él se encargaría luego de mandarme a los mejores sanatorios de Suiza. Estando aquí, aparecieron los nuevos medicamentos para la tuberculosis, que dejó de ser la enfermedad de los poetas románticos. La tuberculosis está perfectamente descrita en "La montaña mágica" de Thomas Mann. También aparece en la novela "El pabellón de reposo", de Camilo José Cela, que es bastante mala.

- Así que creyó que se iba a encontrar sin enfermos...

- Me fui a Barcelona a ampliar los estudios del corazón. Luego saqué las últimas oposiciones del Patronato Nacional Antituberculoso, ya desaparecido. Me destinaron a La Palma pero no fui y al cabo de un año volví al sanatorio como subdirector. Poco después abrí esta consulta. En aquella época nadie se moría en Tenerife sin contar conmigo; ahora soy una persona que ha sobrevivido a la fama.

Un médico de todos

- En aquella época usted era el médico al que todo el mundo acudía.

- Yo iba al Sur, al Norte, a Santa Cruz. En la consulta tenía treinta personas por la mañana y otras treinta por la tarde, y de noche me levantaba hasta catorce veces para atender enfermos.

- ¿Siempre ha sido un médico privado?

- Salvo una corta temporada en la pública. Ante todo, soy un médico de los de antes.

- ¿Podría describirlos?

- Un médico de consulta, de visita a domicilio, que eje
ENRIQUE GONZÁLEZ GONZÁLEZCARDIÓLOGO Y ESCRITOR