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BUENOS DÍAS FLORILÁN

Todo un "cavaliere"


6/nov/02 21:12
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EL SÁBADO ÚLTIMO llevamos a enterrar a Renato Torrela. Aunque estamos en otoño, era una mañana diáfana, clara, espléndida; el Sol lucía esplendoroso y el puerto estaba lleno de trasatlánticos de gran porte con turistas, que viene a ser como la culminación de un día brillante de Tenerife. Habría que decir que el difunto hubiera gozado con el clima y con el espectáculo, se hubiera sentido una vez más orgulloso de haber elegido esta Isla para acabar sus días. Puede que a muchos no les diga nada su nombre y su muerte, pero para los que le conocimos y tratamos, para el amplio círculo de sus amistades en Tenerife, deja un recuerdo imborrable. Renato Torrela no era un italiano más que se había venido a esta Isla para vivir. Era todo un personaje enamorado de Tenerife y, como es natural, tenía su pequeña historia. Un día, como muchos jóvenes de su época - había terminado la guerra e Italia estaba derrotada - , nuestro amigo cogió el "vapore" y se fue a Venezuela. Allí se dio cuenta de que la selva o el comienzo de la selva era un lugar bueno para él, que era hombre tranquilo y pacífico, y montó una serrería, suministrando madera a todo aquel país. Cuando creyó que ya había trabajado bastante, se vino a Barcelona, pero, ¡oh sorpresa!, pasó por Tenerife y se enamoró de esta tierra.

Siempre me decía que la suerte le había deparado conocer este rincón encantador del mundo. Se integró en la sociedad tinerfeña, de lo que es prueba la cantidad de amigos que ahora lloran su muerte, y sus cenizas serán esparcidas sobre las montañas y valles de esta tierra atlántica. Era un conversador nato. Había vivido y luchado mucho y siempre tenía algo que contar. Yo le dediqué muchas horas de conversación. Tenía en su rostro y en sus palabras la alegría de la costa napolitana, pero a pesar de ello era un escéptico. Ya creía en muy pocas cosas. Nunca le pregunté si creía en esa otra vida en la que ahora se encuentra. Ya habrá desvelado todos los misterios. Lo que sí fue siempre es un hombre cabal y ordenado. Era un "cavaliere", un "signore" y dispuso todo lo que había que hacer a su muerte, porque ya veía llegar sus últimos días. En fin, un hombre que deja huella y al que siempre le recordaremos, entre otras cosas, por su identificación con esta Isla, por su amor a Tenerife, donde dijo, en varias ocasiones, que quería dar el último suspiro.

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