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EDITORIAL

Por enésima vez


7/nov/02 12:09 PM
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NUESTRA VOZ DE ALERTA a los tinerfeños quiere ser clara, responsable, previsora. Contundente. Hay que salvar a Tenerife. A esta Isla nuestra, a la que hunden algunos políticos nefastos. De aquí y de allá. Son los gestores que asisten, impávidos, fríos, a la inaguantable decadencia política y económica de Nivaria.

Una buena ocasión para renovar bastantes de los cargos representativos la acaba de mencionar el líder del PSOE. Estamos con Rodríguez Zapatero, en lo de las listas electorales abiertas. Ha sido éste un planteamiento constante en EL DÍA. Porque a la ciudadanía le permitiría votar libremente. Y no sólo a los dirigentes que encabezan las planchas, a los que siguen con frecuencia pretenciosos de nulo o muy escaso valer político.

Hoy por hoy, padecemos gravísimas secuelas en Tenerife: consecuencia, a veces, de habernos negado a los tinerfeños el pleno derecho democrático de elegir a los mejores aspirantes a gobernar y de tachar a los peores. Así nos ha ido. Así nos va. Incluso en la cuestión básica de los censos poblacionales.

En ese asunto, trascendente, del número de habitantes de derecho en el Área Metropolitana, no olvidamos las predicciones de aquel patriota tinerfeño que fue Álvaro Acuña Dorta. Las insistencias del buen alcalde capitalino están saliendo, tal como él las pronosticaba. El pasado domingo, Antonio Álvarez, estimado colaborador del periódico, se refería al próximo mapa judicial, en el que Santa Cruz de Tenerife puede quedar descolgada del grupo segundo de las ciudades españolas. Con afecciones de incalculable envergadura en la Administración de Justicia y en su personal. No así en Las Palmas, por supuesto. La puntual advertencia del peligro que corre Santa Cruz, y por ende la Isla, es vox pópuli y casi la voz de Dios.

En fin, que la Ciudad de enfrente, ya de hecho única Capital política de Canarias, lo será además con todos los derechos habidos y por haber. Los síntomas son inequívocos, ¿o no? Nuestro temor es compartido por colegas isleños; salvo por el periódico canarión, que sólo se imprime en Tenerife a efectos de apellido, pero en el que barren - él y sus quintacolumnistas - para aquella Capitalidad, exclusiva y excluyente, porque desde allí lo timonean.

Debemos asirnos a la esperanza de que, a pesar de los pesares, las urnas retirarán del quehacer de Tenerife a los enemigos de Tenerife. Los adversarios, a su casa o a G. Canaria. Y no señalamos a ningún partido, ni a sus simpatizantes, por supuesto, sino a los dirigentes, ya conocidos hasta por sus rejos. Por enésima vez: los votos han de evitar el naufragio tinerfeño.

EDITORIAL