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FERNANDO FERNÁNDEZ MARTÍN *

Elecciones decisivas en Ecuador


24/nov/02 21:13
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ECUADOR CELEBRA ELECCIONES presidenciales en un momento en el que atraviesa su más grave situación de las últimas décadas. Una situación que no es muy diferente a la de la mayoría de los países de América Latina, pero que como sus vecinos de la Comunidad Andina tiene unas características propias. Es una profunda crisis institucional, política, económica y social. Ha tenido cinco presidentes en los últimos seis años y la crisis económica ha colocado al sesenta y ocho por ciento de su población por debajo del umbral de la pobreza.

En 1999, el levantamiento de un importante sector de la población indígena y una insurrección militar provocó la renuncia del anterior presidente Jamil Mahuad y la designación en enero de 2000 del hasta entonces vicepresidente, Gustavo Noboa Bejarano, un independiente no adscrito a ningún partido, como nuevo jefe del Estado. A pesar de que el país inició un período de lenta recuperación, el programa de reformas impulsado por Gustavo Noboa, un hombre cabal cuya integridad y honradez no ha sido cuestionada, se ha visto dificultado por la ausencia de una mayoría parlamentaria, por las protestas sociales y los efectos de la dolarización de la economía ecuatoriana. Gustavo Noboa fue la solución constitucional forzada por el frustrado golpe de Estado de un grupo de coroneles, encabezado por el hoy candidato presidencial Lucio Gutiérrez.

La primera vuelta electoral celebrada hace cuatro semanas produjo un fenómeno que se viene repitiendo en América Latina, el desprestigio de los partidos políticos tradicionales y el rechazo de sus candidatos, que son vistos como representantes de una vieja clase política corrupta. Surgen así nuevos líderes más o menos carismáticos, pero en todo caso con un discurso populista. Es el caso de Ecuador, donde los vencedores de la primera vuelta fueron el ya citado Lucio Gutiérrez, que representaría un populismo izquierdista, y el empresario multimillonario Álvaro Noboa Pontón, con un discurso liberal pero no menos populista.

Una larga entrevista de casi dos horas con Lucio Gutiérrez me produjo sensaciones contradictorias, nos recibió en su propia casa y vestía un uniforme de campaña verde oliva, con el que pretende recordar su condición de ex coronel. Estaba acompañado por su candidato a la Vicepresidencia, el también coronel Acosta, un hombre amable, de suaves maneras, y por el líder del movimiento indígena Pachacutik, de unos cuarenta años, alto, con el pelo muy largo recogido en una cola de color negro brillante y, por lo que me pareció, dotado de una sólida formación marxista. Lucio me pareció un hombre serio, con una idea muy clara de los problemas de su país que él resumió en la consecuencia de la corrupción institucionalizada. Me pareció que su diagnóstico podría ser correcto en buena medida, pero me causa una cierta desazón el éxito de las medidas del tratamiento que piensa aplicar para aliviar los males de su patria. Cuando redacto estas líneas, antes de la elección definitiva, no hemos celebrado una segunda entrevista, programada para las próximas horas.

El candidato Álvaro Noboa Pontón representa la otra cara de la moneda. Dueño de la mayor fortuna del Ecuador ha pasado buena parte de su vida en los Estados Unidos, donde sus relaciones con la Administración Clinton eran bien conocidas. Durante la primera vuelta no fue el candidato preferido por la actual Administración americana, pero entre Lucio y Noboa tengo pocas dudas sobre dónde está ahora el interés de los Estados Unidos. Porque Ecuador es una pieza esencial en el esquema de los americanos para América Latina, que tiene en Ecuador una base militar en Manta, una de las tres mayores que mantienen en toda Hispanoamérica, teóricamente destinada al control del narcotráfico, pero en la actual situación de la guerra en Colombia, la extensa frontera ecuato-colombiana juega un papel decisivo en la evolución del conflicto, de manera que nadie duda de que Manta es hoy una base militar en toda regla, cerrada a cualquier tipo de control por parte del Ecuador. Lucio nos dijo con toda franqueza que en caso de ganar las elecciones la situación de Manta sería discutida con los americanos. Álvaro Noboa no es sólo el mayor propietario de fincas plataneras en un país que es el primer productor mundial de banano, sino que es además el dueño de la mayoría de las cien primeras empresas del Ecuador. Su discurso es crear riqueza y dar empleo a los ecuatorianos para acabar con la aventura de la emigración. Su mayor apoyo electoral está asentado en las zonas costeras del país, pero durante los últimos cuatro años ha llevado a cabo una paciente campaña de prestación de servicios sociales asistenciales, subsidios, servicios sanitarios, donación de medicamentos, instalación de pequeños hospitales de campaña móviles, que le han permitido obtener unos buenos resultados electorales entre la población indígena de la sierra y entre los sectores sociales más deprimidos de Quito y su comarca Pichincha, una de las más pobladas del país.

Populismo de izquierda o populismo de derecha, esa es la disyuntiva para los ecuatorianos a la hora de elegir a su nuevo presidente. Una ola de populismo corre otra vez sobre América Latina. Todos los sociólogos han coincidido en que el populismo fue la causa de los peores males que se han abatido sobre los países iberoamericanos, pero así están las cosas.

* Presidente de la Misión de Observación de Elecciones en Ecuador del Parlamento Europeo

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