COMO DECÍA ESE APRENDIZ de cómico grotesco y chabacano llamado Jesulín en una entrevista que le hacían después de una visita a Juan Pablo II, darle la mano al Papa y recibir su bendición sólo se puede expresar a través de dos palabras: im (...) presionante. Pues bien, esto mismo se podría decir de la manifestación celebrada en nuestra capital el pasado sábado en protesta por la instalación de torres de alta tensión en el municipio de Vilaflor. Fue un acto sorpresivo e impresionante para todos: para los que lo convocaron y asistieron, para los que simplemente asistieron, y también para los que por diversas razones no asistieron y luego supieron de la concentración humana a través de los medios de comunicación.
Creo que todos, incluida Coalición Canaria, deben alegrarse del éxito de la manifestación por una razón fundamental: es la primera vez que el pueblo tinerfeño se expresa de manera tan masiva y decisiva por una razón de naturaleza fundamentalmente ecológica. El mensaje, aunque contradictorio, es no sólo muy interesante, sino también muy significativo: a los tinerfeños, a los canarios, nos preocupan cada día más las consecuencias negativas que sobre nuestro espacio limitado y frágil tiene el modelo de desarrollo económico que hemos estado siguiendo en las últimas décadas.
Significativamente, resulta que es un mérito atribuible al Gobierno de Coalición Canaria el haber adoptado por vez primera en nuestra historia la decisión de plantear límites al modelo de crecimiento turístico hasta ahora imperante. En este aspecto, las posiciones de partidos como el PSOE o el PP, no sólo han sido obligadamente seguidistas y sin ideas, sino lo que es más grave, veladamente amenazadoras en el sentido de impedir que se pueda llegar en esta trascendental materia a un consenso mínimo que permita al Parlamento canario aprobar las pertinentes medidas legislativas. Precisamente por ello, resulta cuanto menos paradójico que haya sido la propia Coalición Canaria (y en particular la ATI) la que perdiera la perspectiva política de enfocar el problema de las torres de alta tensión más como un problema medioambiental que como un problema de "desarrollo insostenible". A esa pérdida de "olfato político" yo creo que no es ajena la sustitución progresiva de la realidad isleña por la realidad (llamémosla así) archipielágica, cuando la clave está en su sabia combinación. Finalmente, lo más impresionante de todo para quien les escribe, fue la agresión de la que fueron objeto determinados representantes políticos libremente elegidos por el pueblo tinerfeño que tuvieron la feliz iniciativa de asistir a la manifestación. Tampoco esto había ocurrido antes en esta tierra, y el hecho de que aconteciera es no sólo condenable para cualquier demócrata, sino manifestación, entre otras cosas, de una violencia latente que en alguna medida se alimenta de los mensajes claramente fascistas que contra algunos políticos no se cansan de repetir de manera impune algunos periodistas desde sus columnas y también algunos tertulianos habituales de programas de radio y televisión de esta isla.© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD