LA CARTA DE LOS OBISPOS españoles sobre el terrorismo y el nacionalismo excluyente no ha sido tarea fácil. Empezaron a elaborarla en junio: cinco meses de trabajo. Tampoco ha sido fácil su aprobación: varias redacciones, reuniones hasta entrada la noche y por fin 8 votos en contra y 5 abstenciones, aunque la gran mayoría, 63, votaron a favor.
Tampoco la recepción por parte de sacerdotes y fieles ha sido totalmente fácil y positiva. Yo me encontraba en Cataluña la noche del viernes, cuando la televisión dio la noticia, y la primera reacción de no pocos eclesiásticos catalanes fue de sorpresa y disgusto. Claro que la televisión simplificó mucho el contenido, diciendo que los obispos condenaban el terrorismo e igualmente el separatismo "como intrínsecamente inmoral". Sin más matices. Y añadía la televisión: "y confirman que el único marco válido de convivencia en España es la Constitución". Sin más matices.Leyendo el documento auténtico, se comprueba que buena parte de esos recelos desaparecen. Los obispos, en efecto, condenan inequívocamente el terrorismo, pero no condenan el nacionalismo, sino el "nacionalismo excluyente". Tampoco defienden la Constitución como un dogma, sino que dicen que es un marco de referencia obligado para la convivencia, pero que es reformable. Eso sí, no por voluntad unilateral de algunos, sino según el ordenamiento jurídico existente.
Como no es un documento doctrinal obligatorio, sino una orientación pastoral para todos, es lícito hacer algunos comentarios sobre la carta, con el mayor respeto y afecto y también con serena libertad.
La carta tiene algunos aspectos muy buenos, algunos de ellos excelentes. Ante todo, la condena tajante de Eta, sin la más mínima ambigüedad ni concesión. Son terroristas, son criminales, están fuera de la moral cristiana y humana y ni siquiera se debe hablar con ellos. Nada.
Igualmente clara es la atención justa y fraternal que prestan, y nos animan a prestar, a las víctimas del terrorismo. Sin el más mínimo asomo de "equidistancias" a lo Setién. Equidistancia digo, entre la violencia de Eta y la supuesta violencia de las fuerzas de seguridad del Estado.
También está llena de nobleza y sinceridad la preocupación de los obispos por los que viven en continuo estado de amenaza: los concejales del PSOE y del PP, los no nacionalistas que viven con escolta y que se juegan la vida al presentarse a las elecciones. Situación injusta, antidemocrática, intolerable, con la que hay que acabar de inmediato.
Parece también clarificadora la distinción entre buscar la independencia cuando una nación ha sido colonizada o invadida y buscar la independencia por secesión, porque uno se ha cansado de pertenecer a un conjunto mayor. La primera es aceptable, la segunda no.
No como "discutibles", pero si tal vez como "mejorables" (mejorables con la aportación de otros intelectuales cristianos), podríamos considerar algunos aspectos de la carta. Por ejemplo, precisar más qué es nacionalismo excluyente (que sea "nacionalismo violento" lo extendemos todos, pero el "excluyente" se presta a diversas interpretaciones). Igualmente, desarrollar y aclarar la idea de Estado y nación y los derechos y deberes mutuos entre ellos. También se podrían abreviar algunas partes del documento, para hacerlo más ágil y legible y, por tanto, más leído.
Pero en resumen tenemos un documento base muy bueno y muy claro, que podría convertirse en breve en un documento doctrinal excelente, con las aportaciones de muchos cristianos expertos y comprometidos, que deben ser consultados y oídos. Esperamos que acaben de pulirlo y nos comprometemos a meditarlo y a cumplirlo.
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