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Los bomberos


30/nov/02 21:14
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LA BARONESA ALBERTA, nombre con el que solía firmar Mercedes Ballesteros, escribió allá por el año 1955 un hermoso artículo titulado "En defensa del Bombero". Si lo hubiera escrito hoy, en que los Bomberos de Nueva York se cubrieron de gloria en las Torres Gemelas, dejando un saldo de muchos muertos, no tendría mayor importancia, pero lo hizo, como digo, hace cuarenta y siete años, cuando todavía estos héroes de ahora eran simplemente unos "apaga-fuegos" y nada más. La defensa de la Baronesa Alberta de estos abnegados trabajadores, no se refería a la estimación que se pudiera tener antes y después de los mismos, sino a la imposición añadida del traje que se les hace en su faena y a la parafernalia con que se les obliga a moverse entre las llamas.

"El soldado en campaña, decía, no ostenta ni una sola charretera que entorpezca sus movimientos; un aviador usa generalmente un mono de fontanero, y hasta el mismísimo emperador de la China circula por el mundo vestido como puede vestir un pelotari entre semana. El hombre se ha liberado de la esclavitud de sus vestidos y ya no hay profesor que se ponga la toga para explicar una clase, ni empleado de Pompas Fúnebres que se disfrace de Luis XIV".

Sin embargo han pasado los años y sólo hay una clase trabajadora que sigue con la misma vestimenta de siempre, llena de entorchados metálicos y de botones innecesarios, como si hubiera sido sacada del atrezo de "El Rey que rabió".

Hace poco vi que los bomberos de aquí se habían rebelado y que habían ocupado el Edificio Múltiple. En principio pensé si se trataría de una cuestión de uniforme, de si ya por fin se habían cansado de llevar siempre el mismo, que no debe ser muy cómodo a la hora de trabajar, como pensaba la Baronesa Alberta; pero, no, no era ése el tema. Se trataba de reivindicaciones económicas y laborales. La cosa se puso que "ardía", como no podía ser menos tratándose de bomberos, y el consejero Bonis se rindió ante la evidencia; como se rindió el gobierno de Canarias ante la aplastante manifestación en pro de los montes de Vilaflor.

La gente no suele acordarse de Santa Bárbara sino cuando truena y de los bomberos cuando hay fuego, pero en esta ocasión estos trabajadores que siguen llevando el uniforme más ostentoso del mundo, dijeron "¡Basta!", y el señor Bonis entró por el aro. Lo que sigue demostrando que aquí, el que no llora, no mama, aunque también hay otros que maman sin llorar.

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